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Antonio chasqueó los dedos… ¡Claro…! ¡Eso es…! El Mundo siempre ha vivido en una “farsa formal” o “mentira oficial”, en la que ciertos valores no son admitidos hasta que la evidencia de los hechos, durante centenares de años, los convierte en algo “oficial”. Eso es exactamente lo que ocurre hoy en día con el fenómeno OVNI, las proyecciones fantasmales, feéricas, y….
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

EL
CABALLERO EN EL FANGO

LA TIERRA HUECA (II)

3.
LA TIERRA HUECA
(
PARTE II )
Cogió
su libro favorito, aquél que siempre tomaba cuando le acuciaban problemas de
tipo profesional y se encontraba perdido. Él siempre se había sentido solo
cuando tenía que resolver algún tipo de problema técnico o conceptual, con
respecto a las estructuras neuronales de su androide. En muchos casos, los
problemas de concepto eran de una abstracción tal que le abrumaban
intelectualmente.
John
había representado su único soporte verdadero en la resolución de sus
problemas y la única persona que le comprendía y sentía su angustia en esos
difíciles momentos.
Pero
Antonio, había encontrado también una buena ayuda en alguna de las obras de
Paul Davies, especialmente en el libro titulado “Superfuerza”. Y éste, era
precisamente el libro que había elegido aquella noche, el cual, comenzaba
siempre a leer, como un ritual, por el párrafo siguiente:
<<
La incorporación de elementos imaginarios en las teorías físicas, es una de
las prácticas que el físico profesional encuentra más difícil de justificar.
Por supuesto, si un concepto particular, como el de la simetría isotópica del
Spin, convierte al modelo en un brillante éxito, entonces el físico puede
responder simplemente: "Lo puse porque funciona". Pero, ¿cómo sabe
el físico qué pieza de abstracción hay que incluir? Dado que se trata de
conceptos puramente imaginarios, podría parecer que todo vale: "No hace
falta servirse de lo se halla realmente ahí, en el mundo exterior; elige lo que
quieras de tu propia imaginación". Pero si hay una infinidad de elecciones
posibles ¿Cómo elegir la correcta? En este punto, los físicos profesionales
empiezan a utilizar palabras como belleza, elegancia, matemática y simetría.
Aunque la inclusión de ideas imaginarias o abstractas no es lógicamente
necesaria para elaborar una buena teoría… >>
La
situación que Paul Davies describía en su libro era exactamente la que Antonio
vivía muy a menudo. Tenía que trabajar con conceptos abstractos para producir
unas estructuras de software que en última instancia, sólo eran meros bits, es
decir, una infinita secuencia de unos y ceros que a priori no significan nada
concreto, aunque, al igual que ocurre en la física cuántica el resultado
final tenía que casar forzosamente con la teoría.
Ésta era su
peor pesadilla, porque el hecho de que Betty racionalizase los miles de
estructuras de pensamiento que capturaba de Internet diariamente, sí constituía
una ciencia exacta y perfectamente comprobable…
¿Pero cuál
era la teoría con la que los físicos cuánticos trabajaban? ¿Era ésta una
teoría estable y confortable en la que se podía confiar? O ¿Por el contrario
eran una sucesión de teorías extravagantes y excéntricas sin un futuro filosófico
que perdure más de diez años en el candelero?
Antonio
estaba muy preocupado por la inestabilidad de estas teorías, aunque por otro
lado, éste concepto era lo que las hacía tan atractivas para un soñador como
él…
Las
palabras que su amigo John le había dedicado en tono de burla resonaron en su
mente:
“…para
ser un Post-Freudiano Nihilista y tener un feto fálico en lugar de bulbo raquídeo…”
¿Era
él realmente un Nihilista…? Sí, tenía que admitirlo. ¿Cómo no serlo en un
mundo absurdo y falso como éste…? ¡Y muy orgulloso que estaba en serlo…!
¡Sí señor…!
Antonio
sentía debilidad por el pensamiento nihilista oriental. El Nihil, la Nada, ¡ese
era su emblema y su bandera! Pero no desde el punto de vista del fatalismo
materialista al que muchos lo asocian, sino a la dualidad espíritu-cuerpo o
mente-realidad. Sus sueños, siempre habían estado por encima de su yo formal y
esto lo había llevado por caminos sembrados de problemas y dificultades. El espíritu
no es el cuerpo y, por eso, los orientalistas le han llamado el no-cuerpo, el
no-cosa, el “nadie” o la “nada”, es decir, el Nihil.
¿Porqué
aceptar lo establecido, así sin más…? ¿Sólo porque alguien “posee un
papel que dice que él sabe”, sabe en realidad de lo que habla…? ¡No, y mil
veces No…! La realidad formal es sólo una cortina de humo, un río revuelto
en el que pescan muchos “pescadores” ocultos y avispados…
Así,
tanto él mismo como su maestro Schopenhauer le gritan al mundo:
<<
En realidad no hay ni materia ni espíritu. La gravitación de una piedra es tan
inexplicable como el pensamiento del cerebro humano… Si la materia puede caer
al suelo sin que nadie sepa porqué, también puede pensar sin que nadie acierte
la causa… >>
Un
poco más relajado, Antonio siguió leyendo algunos párrafos más del libro de
Paul Davies:
<<
El atractivo místico de la nueva física ha cautivado a mucha gente de mente
religiosa o filosófica, que ve en los recientes descubrimientos una liberación
del mundo materialista e impersonal producto de la moderna sociedad tecnológica.
Las curvaturas temporales y lo extraño de los cuantos abren nuevos caminos a la
creencia de que hay más cosas en el mundo de la que los ojos pueden ver.
Especialmente atractivo es el fuerte aroma holístico de la nueva física (doctrina que hace hincapié en el estudio de los elementos desde
su totalidad). Gran parte de la reciente desilusión con la ciencia clásica,
surge como reacción al tradicional reduccionismo científico, que analiza fríamente
el mundo en sus componentes más simples... Sin embargo, el mundo de la
experiencia racional, ordenado y “lleno de sentido común”, es una
impostura. Tras él, yace un mundo tenebroso y paradójico de sombría
existencia y cambiantes perspectivas.
El
nebuloso surrealismo puesto al descubierto por la nueva física se vuelve
particularmente agudo cuando alcanza a la materia. La sólida confianza que nos
ofrece una roca nos habla a favor de la existencia concreta de los objetos del
mundo externo. Sin embargo, aquí también un más profundo escrutinio socava
las impresiones del sentido común. Bajo un microscopio, el material de la roca
se revela un amasijo de cristales entrelazados. Un microscopio electrónico pone
al descubierto los átomos individuales, espaciados en una disposición regular
con enormes vacíos entre ellos.
Sondeando
en los propios átomos, descubrimos que son casi enteramente espacio vacío.
El pequeño núcleo ocupa una simple billonésima parte del volumen del átomo…>>
Esto
era precisamente, lo que creaba en Antonio una indefinible aprehensión. A él
no le importaba que David Coperfield atravesase la muralla de China, o fuese
cortado en trocitos y reensamblado de nuevo como si de una pieza de “Lego”
se tratase, o incluso que saliera volando por el escenario a imagen y semejanza
de un “superman de candilejas”. No, lo que a él le preocupaba es que en la
teoría de las neuronas artificiales se estuviese escapando algún factor
fundamental que desconociese los inquietantes poros de la piedra y, que por esos
poros, se estuviese escapando el poco sentido común que aún le quedaba a su
querida Betty y, por añadidura, a él.
La
teoría de la Superfuerza que Paul Davies desarrollaba, estaba perfectamente
fundamentada, o por lo menos así se lo parecía a Antonio, aún reconociéndose
un perfecto lego en la materia.
Ya
anteriormente, el mismo Einstein y otros, intentaron construir una teoría del
campo unificado, siguiendo los pasos que un siglo antes Faraday y Maxwell habían
dado con la elaboración de la teoría del campo electromagnético unificado.
La búsqueda de una Superfuerza que aunase a las cuatro conocidas: gravedad,
electromagnetismo, fuerza débil y fuerza fuerte, ha sido una constante en todo
físico y matemático que se precie de serlo. Los trabajos de todos ellos han
sido basados en las simetrías de gauge, que culminaron en 1983 en la teoría
unificada, con el descubrimiento de un nuevo tipo de luz; compuesta, no por
fotones ordinarios, sino por unas misteriosas partículas “Z” en el interior
de los núcleos atómicos.
Según
Davies:
<<
El concepto de simetría es fundamental para el programa de unificación. En su
aspecto más básico, la simetría se halla presente allí donde existan lazos
conectivos entre distintas partes de un objeto o sistema… >>
Esto
sonaba sospechosamente a las conexiones de su neurona p(Pi)…
¿Y la simetría,
dónde había escuchado eso antes…?
¡Ah
sí… en el sueño del GateWay Arch!
-Se dijo- ¡Claro, la simetría es la clave de todo…!
Antonio
se quedó embobado mirando fijamente por la ventana a la luz de la farola que
iluminaba su abandonado y pequeño jardín. Se daba cuenta de que poco a poco,
la noche comenzaba a ser fructífera a pesar de todo. Y siguió leyendo el libro
que tenía en las manos, en el que Davies, ahora iba más allá del mero
concepto del mundo cuántico, desarrollando la teoría de las múltiples
dimensiones, basándose en los descubrimientos actuales de la física de partículas:
<<
Durante toda su vida, Einstein soñó en construir una teoría en la cual todas
las fuerzas de la naturaleza se fundieran en un solo esquema descriptivo basado
en la geometría pura. De hecho, dedicó una gran parte de sus últimos años a
la búsqueda de este esquema. Irónicamente las mejores esperanzas que tenemos
de realizar el sueño de Einstein surgen del trabajo de un oscuro físico
polaco, Theodor
Kaluza, el cual, ya en 1921 sentó las bases para un nuevo y
audaz enfoque de la unificación de la física.
Kaluza se
inspiró en la capacidad de la geometría para describir la gravitación y se
propuso extender el trabajo de Einstein para incluir el electromagnetismo en la
formulación geométrica de la teoría de campo. Quería conseguirlo sin alterar
las sacrosantas ecuaciones electromagnéticas de Maxwell. Su labor es un ejemplo
clásico de imaginación creativa e intuición física. Kaluza comprendió que
era imposible que la teoría electromagnética de Maxwell pudiera convertirse en
geometría, tal como entendemos normalmente la palabra, ni siquiera aceptando
las curvaturas espaciales. Su solución fue brillantemente simple. Amplió la
geometría lo suficiente para
acomodar la teoría de Maxwell. Lo hizo de un modo que es a la vez extraño y
persuasivo. Kaluza mostró que el electromagnetismo es en realidad una forma de
gravedad, pero no la gravedad de la física familiar. Es la gravedad de una
dimensión invisible del espacio… >>
La
consecuencia más sorprendente de esta nueva dimensión descubierta por Kaluza,
es la que Davies desarrolla a continuación, sobre el amplio espectro de las
once dimensiones ocultas:
<<
Quizá la naturaleza sea hermosa, pero la sola belleza no convence a
los físicos de la corrección de una teoría. Se exige también la prueba física.
La potencia y la elegancia de la teoría de once dimensiones de Kaluza-Klein nos
obliga a tomarla en serio, pero si no hay ninguna forma concebible de verificar
que las siete dimensiones adicionales existen realmente, la teoría pierde mucho
de su atractivo.
Afortunadamente,
sin embargo, quizás sea posible demostrar físicamente la existencia de las
otras dimensiones. Para que la teoría funcione, las siete dimensiones
espaciales nuevas tienen que estar "enrolladas", probablemente en al
forma de una heptaesfera, a una circunferencia de 10-32 cm. Sondear
estructuras a esta escala ultramicroscópica es un reto importante. No poseemos
control directo sobre ningún objeto tan pequeño, de modo que no podemos enviar
nada al interior de la heptaesfera para que la explore...
Demos
rienda suelta a la imaginación y pensemos en el día en que la humanidad pueda
controlar la Superfuerza. Tendremos entonces la capacidad de manipular el
mayor poder del Universo, puesto que, en último término, la Superfuerza genera
todas las fuerzas y todas las estructuras físicas. Es el manantial de toda
existencia. Con la Superfuerza liberada podremos cambiar la estructura del
espacio y del tiempo, atar nuestros propios nudos en la nada, y dar orden a la
materia. Controlar la Superfuerza nos permitirá crear y transformar partículas
a voluntad, generando exóticas formas de materia. Quizá seamos capaces
de manipular la dimensionalidad del propio espacio, creando extraños mundos
artificiales con propiedades inimaginables. Con la Superfuerza nos convertiremos
en los señores del Universo… >>
Antonio
meditó largamente las consecuencias de estas teorías aplicadas a su trabajo, y
más aún, aplicadas a la mente humana, la cual era al fin y al cabo el
arquetipo del que ellos extraían todas las similitudes para definir las reglas
operativas de la inteligencia artificial.
Su
conclusión final fue… la que poco después se atrevió a definir en voz alta:
-
Si puede
existir una Superfuerza que aúne todas las demás conocidas, es factible que
pueda existir también una Supermente que controle la mente normal o de vigilia,
o incluso, que dicha mente subconsciente pueda, además, controlar hechos físicos
externos a la mente misma. –Se dijo valientemente.
Dicho
esto se acordó de la "carpeta roja" -como él la llamaba-. En aquella
carpeta, había guardado un montón de recortes de periódicos y revistas que de
una forma u otra tocaban este tema.
Antonio,
antiguo aficionado al esoterismo, había tenido algunas experiencias marginales
en su juventud y durante su madurez, sobre hechos psicosomáticos de índole
“especial”, los cuales habían despertado en él un interés vivo y
actualizado por los temas “no formalmente aceptados por la sociedad
establecida”.
Él
recordó, cuando era aun un chaval, apenas cumplidos los 14 años y su padre,
hombre de pro, donde los haya, escéptico religioso y científico materialista
como… “Dios manda”, le regaló un radiómetro.
El
aparatejo en cuestión es una
ampolla de vacío, donde cuatro aspas pintadas de negro solo por un lado giran
cuando una luz les impacta, estando
apoyadas sólo en una aguja que les sirve de soporte.
En su joven imaginación, había
recibido el artefacto casi como un maquina embrujada que destruía todos sus
conceptos sobre las acciones y reacciones físicas. No podía asimilar que algo
intangible como la luz, pudiese mover elementos físicos, como las cuatro aspas
de cartón que pintadas de negro y sujetas por una aguja giraban regularmente
dentro de la ampolla de vacío.
¡Así, sin más, sin trampa ni
cartón, sin cablecitos ni motorcitos ni nada de nada… !.
Por mucho vacío que hubiese en
la ampolla, la reacción parecía desproporcionada a la acción. Y el hecho de
que un ser físico, como las cuatro aspas de cartón, cobrase movimiento por la
mera fuerza de la luz, abrieron unos interrogantes tan profundos en su mente
adolescente, que multitud de nuevas preguntas y misterios siguieron aflorando en
su pensamiento de forma regular y persistente.
Aunque el
bueno de su padre, ante la desazón de su hijo trató reiteradamente de apaciguar su desasosiego conceptual diciendo:
> No te preocupes Antonio,
es sólo la presión fotónica la que mueve las palas, como la presión hidráulica
haría con las palas de un molino...
Él no terminaba de admitir el
símil que, aunque ingenioso y aceptable para mentes más propensas a creer en
respuestas simples, no terminaban de llenar el espacio intuitivo que tozudo se
rebelaba contra esos argumentos pueriles, debido al aspecto irregular de la comparación: ¡El agua era una cosa y la luz
otra bien distinta…!
Por
aquel entonces –recién cumplidos los catorce años- un amigo le pasó “El
Tercer Ojo” de T. Lobsang
Rampa, posteriormente él se compraría el resto de
volúmenes de su obra. Como consecuencia de sus lecturas se pasó varios meses
intentando hacer girar las aspas de radiómetro con el magnetismo de sus manos o
de su mente, el resultado, como cabía esperar fue nulo.
Pero, por simple orgullo
personal, no podía aceptar que una simple y vulgar linterna, tuviese más
consecuencias físicas que su iluminada mente…
¿Quizá habría que pintar las
aspas del radiómetro de verde en lugar de negro…? –cavilaba después de su
frustrante experiencia.
Esa línea de investigación,
como otras tantas, no progresó y el radiómetro en cuestión pasó a ser sólo
una curiosidad más en la estantería de su habitación, aunque la experiencia
lo había sacudido lo suficiente como para romper algunos cerrojos en su mente y
entornar algunas puertas…
Años después, cuando
practicaba por diversión la “Ouija”
con una pareja de amigos y su mujer Maite, quedó realmente impresionado
al comprobar que el vaso se movía realmente, y al igual que en el caso del radiómetro,
no había truco alguno. La cosa era así de sencilla, el vaso tenía voluntad
propia, los movimientos tocaban letras sobre el tablero y éstas formaban
palabras, que a su ver creaban frases que increíblemente tenían sentido…
- ¡Y vaya, que si lo tenían…!
¡El más afortunado del grupo salió de “gilipollas” para arriba…!
Pero aquello era distinto, ahí
no había linterna alguna, ni ampolla de vacío, ni “gaitas” que valieran..
Ahora sí era la Mente la que movía el vaso, no había espíritus, ni
aparecidos, ni demonios, solo la Mente…
Durante los días posteriores,
él reconstruyó una por una todas las frases que se dijeron, y llegó a una
conclusión terrible y esperanzadora a la vez...
El subconsciente colectivo de
todos los que estaban allí involucrados, generaba una energía que era
comandada en cada ocasión por un subconsciente distinto, en una feroz pugna por
el control de los movimientos del vaso.
En
consecuencia, se había abierto para Antonio una nueva línea de investigación.
La experiencia de la Ouija, aunque muy superficial, le había convencido totalmente de
la existencia del subconsciente y de que existen misterios…
Antonio
decidió ahora ir en busca de la carpeta roja, en vista de que el “okupa” de
su cama, el “señor insomnio”, aún no había decidido ausentarse de la
misma. Abrió la carpeta y rebuscó casos relacionados con la influencia mental
en el medio externo, tales como interferencias extrañas en relojes, electrodomésticos,
ordenadores, alumbrado, etc. De repente se topó con un artículo que hablaba
del proyecto SLIDE, iniciado por el investigador Hilary Evans en 1990 con la
ayuda de la Asociación para el Estudio Científico de Fenómenos Anómalos.
Dicho
proyecto trataba en primer lugar de definir y evaluar el efecto SLI (Street
Light Interference) o interferencias en el alumbrado público, que era, según
el artículo, un hecho que afectaba en mayor o menor medida a mucha gente. Las
conclusiones del artículo eran que en general el estado de ánimo no influía a
la hora de desencadenar estos poderes, que están relacionados con la
electricidad natural del cuerpo humano. De hecho eran muchas las personas que
además de haber experimentado el efecto SLI, habían tenido diversos incidentes
con electrodomésticos, cambios espontáneos en los canales de televisión,
alteraciones de ordenadores, cajas registradoras enloquecidas o coches que
parecen tener vida propia. Hilary Evans definía este tipo de incidentes con la
siguiente frase:
<<
La gente en un estado mental adecuado es capaz de alterar el funcionamiento de
las farolas a distancia, más de forma espontánea que deliberadamente, como
consecuencia de su actividad mental inconsciente…>>
Antonio
recordaba ahora la figura de los fotones virtuales de la física cuántica. Según
esta teoría algunas partículas como el fotón no se hallan incluidas en el
esquema básico de la materia, sino que se hallan directamente relacionadas con
el "adhesivo" que la mantiene unida. Tomando un campo de fuerza, como
por ejemplo el caso más simple, el de dos electrones que se acercan uno al otro
experimentando una fuerza eléctrica de repulsión que los separa mutuamente, dicha fuerza de dispersión puede ser representada como un fotón mensajero o
virtual que se intercambia entre las dos partículas, emitido por un electrón y
absorbido por el otro, dando como resultado la variación de las trayectorias de
ambos electrones.
Estos
fotones mensajeros o virtuales no son visibles como luz, sino que son una
especie de arreglo privado entre los electrones. Éste fenómeno es estudiado en
una teoría matemática conocida como Electrodinámica Cuántica o
EDC.
En el caso
supuesto, de que la mente subconsciente tuviese la facultad de emitir dichos
fotones virtuales, las alteraciones descritas en la SLI, podrían ser
perfectamente justificables desde las bases de conocimiento científico actual.
En el artículo
de la revista, también se hacía referencia a casos históricos como el de la
adolescente francesa Angélique
Cottin, que podía mover sillas y mesas de
madera cuando se aproximaba, recibiendo, así mismo, descargas eléctricas las
personas que se acercaban a ella.
En
1846 el caso fue tratado por el científico francés Arago, quién definió el
fenómeno de la forma siguiente:
<<
La fuerza parece no tener que ver con la electricidad y, sin embargo, cuando uno
se acerca a Angélique durante los paroxismos recibe una descarga. Podría
tratarse de una nueva fuerza que nos abriría insólitos caminos sobre la
naturaleza del hombre y del mundo… >>
Quizá
la energía descrita por Arago no sea más que la que hoy se denomina energía
psicotrónica, a la cual, el doctor checo Zdenek Rejdak cree la responsable de
todos los fenómenos Psi (Psicoquinesia), así como de otros efectos como:
premonición, telepatía, etc.
Pero,
Antonio se preguntaba, ¿quién se encarga en el mundo académico del estudio de
los fenómenos Psi?.
Rebuscando
en sus apuntes, Antonio se encontró con el congreso internacional de la
Parapsychological Association (PA), sociedad mienbro de la Asociación Americana
para el Avance de la Ciencia. Que celebraba en 1995 el centenario del doctor
Joseph B. Rhine, y que tiene su sede en el Rhine Research Center de la
universidad de Duke en Durham (Carolina del Norte), donde se creó el primer
laboratorio de parapsicología de EE.UU.
En dicho
congreso se constató que en la parapsicología, tras más de un siglo de
investigación, se han comprobado diversas anomalías y alteraciones como los
experimentos de percepción remota y de interacción mente-máquina, con
resultados altamente significativos tales como la micro-desviación de un
láser mediante un generador de eventos aleatorios.
No
obstante, ésta ciencia sigue siendo hoy ignorada por la mayoría de los científicos,
lo que lleva consigo una marginación académica de hecho. Este tipo de
experiencias científicas, ha sido ridiculizado o ignorado sistemáticamente por
el conjunto de la comunidad científica que no considera suficientemente probada
la evidencia de las experiencias Psi.
Antonio
se sirvió un brandy y se sentó en el sillón para meditar acerca de las
implicaciones, que en su trabajo podría acarrear la introducción del concepto
de Supermente, ese concepto que aquella misma noche había tomado cuerpo y ahora
bullía en su cabeza.
Al momento
pensó que a John todo esto solo le produciría una irónica sonrisa y se
enredaría en una paternal charla, con las que hubiese aburrido a su propio hijo, ¡de
haberlo tenido!
¡Ni que decir
tiene, contarle todo esto al Vampiro! Lo mejor que podría ocurrir era que ni
siquiera te escuchase, lo peor, acabar trabajando en uno de sus oscuros
proyectos con un par de litros de sangre menos en las venas…
Pero
¿Por qué la comunidad científica oficial ignora, cuando no persigue estos
tipos de estudios Psi?
La
Ciencia Oficial, de hecho, se encarga de perseguir a esta nueva y amenazante
ciencia que cuestiona imparable las “sólidas” estructuras académicas. El método
utilizado para el “control” de los románticos profetas de la “nueva
ciencia”, guarda cierta semejanza –respetando el tiempo y la distancia
cultural- con el que la iglesia católica utilizara con Galileo
Galilei; al que
la inquisición sometió a diversos procesos entre 1615 y 1633, o al menos
afortunado Giordano
Bruno, que ya había sido quemado vivo en 1600 como hereje,
a causa de sus ideas y de haber reconocido las doctrinas de Copérnico.
En
1616 la Inquisición Romana declaró herejía la doctrina del movimiento de la
Tierra. Y, por consiguiente, había que erradicar el libro de Galileo basado en
los estudios de Copérnico: “El Diálogo de Galileo”. Éste, junto con “El
Epitome de Kepler”, se incluyó
en el índice de libros proscritos del Vaticano (Index librorum prohibitorum), y
no fue borrado de él, ¡hasta 1835…!
Y
todo este lío… ¿debido a qué…?
Pues
a la ortodoxia de la “Ciencia Oficial” imperante en aquel entonces: la
Ciencia Aristotélica…
Aristóteles,
allá por el año 384 al 322 a.C. había representado un gran complemento del
pensamiento griego de Sócrates y Platón, al tratar un número singularmente
notable de cuestiones físicas,
intentando aplicar siempre el método deductivo. Pero, debido a que muchos de
los supuestos de los que partía eran falsos, llegó a conclusiones erróneas
desde el punto de vista actual, aunque en su época, representasen un gran
avance comparado con el nivel cultural alcanzado hasta el momento.
El
problema surgió cuando dichas hipótesis fueron consideradas como intocables en
Europa durante casi un milenio. El "Aristotelismo" constituyó para la
Iglesia Romana un dogma indiscutible que refrendaba su idea: "El hombre
como coronación de la creación".
La
Iglesia tomó de la cultura griega únicamente lo que le interesaba para la
confirmación de sus ideas, pues ya Anaxágoras 500 años a.C. conocía y enseñaba
la teoría de los Vórtices Elementales al igual que Pitágoras, Aristarco,
Seleuco, Arquímedes y tantos otros sabios de la antigüedad.
Niklas
Koppermigk, conocido como Copernicus en forma latinizada, nació en 1473 y después
de estudiar en las universidades de Cracovia y Bolonia, fue nombrado canónigo
de Frauenburg en 1497. Copérnico desarrolló su teoría del sistema heliocéntrico
basándose en las ideas de Aristarco y en las obras de Cicerón y Plutarco. Sus
principales hipótesis fueron las de que la Tierra no es el centro del mundo y
la de que todas las órbitas rodean al Sol.
Algo
que aparentemente es pueril y superado para un niño actual, constituyó uno de
los más encarnizados enfrentamientos de ideas durante más de 300 años,
llegando incluso a que la Iglesia Católica no rehabilitase oficialmente a
Galileo ¡hasta 1981…!
Y
todo este monumental disparate era debido sólo a que el grupo "ideológico"
en el poder, se mantenía enclaustrado en unas ideas fosilizadas y anacrónicas.
Antonio
se planteó seriamente que la Ciencia Académica Oficial podría estar
manteniendo actualmente una situación muy similar a la de la Iglesia del siglo
XVI, en la que las contradicciones de base son simplemente ignoradas en aras de
un "Academicismo Institucionalizado", que admite las ideas
revolucionarias de Einstein para ciertas áreas acotadas como la física cuántica
y la astronomía, manteniendo a todas las demás áreas en un mundo Newtoniano.
Antonio
chasqueó los dedos… ¡Claro…! ¡Eso es…! El Mundo siempre ha vivido en
una “farsa formal” o “mentira oficial”, en la que ciertos valores no son
admitidos hasta que la evidencia de los hechos, durante centenares de años, los
convierte en algo “oficial”. Eso es exactamente lo que ocurre hoy en día
con el fenómeno OVNI, las proyecciones fantasmales, feéricas, y…. –No se
atrevió a decirlo en voz alta, pues había un misterio que él guardaba muy
reservadamente y nunca lo había comentado con nadie, por miedo a que lo
considerasen un paranoico o incluso un inestable mental…
Pero esa noche
era mágica, era casi como una
noche de Walpurgis
en la que todas las brujas y diablos internos danzasen a la luz de la
luna que brillaba sobre su cabeza, en forma de lamparita de lectura, como si
ésta -su cabeza- fuera semejante a las míticas y lejanas montañas de Harz…
Antonio había
leído en repetidas ocasiones fábulas y cuentos que hablaban de una tierra
dentro de ésta Tierra...
Jules Verne,
en su obra: “Viaje al Centro de la Tierra” (1864),
crea la ficción de que existe una tierra de monstruos primitivos y razas
extinguidas, con mares y un sol propio en el interior del planeta. Cuando era un
adolescente, había disfrutado tremendamente con las aventuras del profesor
Lindenbrock y su ayudante Alex, mientras que, durante su intrépida aventura
descubren vida en el centro de la Tierra. Pero fue con su idolatrado escritor,
Lobsang Rampa, con el que descubrió la puerta del misterio, un misterio que, en
lugar de empequeñecerse, se abrió más y más bajo sus pies a medida que se
interesaba por él, hasta el punto de constituir una auténtica obsesión…
Lobsang
Rampa,
define en su teoría de la “Tierra Hueca”
una configuración del planeta Tierra bastante peculiar. Concibe al
planeta como si fuera un coco vacío de su líquido interior, con dos
“agujeros” en los polos y un sol interior, a modo de bola de plasma,
ocupando el centro geométrico de la esfera hueca, e incluso, se “atreve” a
dar dimensiones, asegurando que el
espesor de su corteza interior sería de solo mil trescientos kilómetros de los
aproximadamente doce mil seiscientos ochenta kilómetros del diámetro exterior
de la Tierra.
Su interior
estaría habitado por una alta civilización de la cual provendrían una parte
de los OVNIs o máquinas volantes que observamos en el exterior del planeta.
Este aparente
disparate, no disuadió la incorregible curiosidad de Antonio, quién había
aprendido que las cosas, como en el caso del Radiómetro o de la Ouija,
no siempre son lo que parecen a primera vista…
Un ciudadano
del Siglo XIV, al que se le hubiese dicho que la Tierra era redonda, habría
tenido una respuesta muy concreta: La primera reacción hubiera sido la de reírse,
y la segunda la de intentar quemar como hereje al ateo que hubiera dicho
semejante blasfemia. Pero lo realmente importante es que a este piadoso
ciudadano del medioevo, no se le habría podido convencer en su época “científicamente”,
del hecho de que la tierra es redonda, porque su
experiencia personal le diría que un habitante de la parte inferior de
la esfera se precipitaría al vacío sin la menor remisión, y todas las cosas
en el hemisferio superior rodarían impenitentemente hacia la parte inferior, es
decir, hacia su destrucción irremisible.
El concepto
definido por Newton sobre la fuerza de la gravedad, como “tendencia de los
cuerpos a dirigirse al centro de la Tierra” y, el que algunos intrépidos
marinos circunvalasen el mundo, ayudó “un poco” a que los viejos mitos
fuesen derrumbados.
Hoy nuestra
mente podría jugarnos la misma “faena”, pudiendo pensar, que los hipotéticos
habitantes de una tierra hueca caerían hacia su interior al aplicar a nuestro
razonamiento, el mismo concepto gravitatorio que hizo que los ciudadanos del
siglo XV se rieran de la ignorancia de sus congéneres del siglo anterior.
Pero
el concepto de gravedad, como atracción entre dos cuerpos “materiales”, es
decir, relacionado con la masa física, nos debería indicar que si tenemos
tierra bajo nuestros pies, deberíamos de mantenernos “pegados” a ella, con
independencia de la dirección hacia la que apunte nuestra cabeza.



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