|


Al comenzar la charla mental de Atmah, la esfera de cuarzo líquido comenzó a reflejar los detalles de lo que su mente narraba. Gigantescas dunas de arenas sobre una superficie calcinada por el sol de mediodía escondían una ciudad de piedra que tenía la levedad de las nubes de polvo que vuelan por el desierto y la fugacidad del espejismo que flota en el aire tórrido del desolado horizonte ardiente.
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

LA CRUZ DE HIELO

LAS SALAS DE Târâ
(II)

8.
LAS SALAS DE Târâ
(
PARTE II )
Atmah
retornó algo sobresaltado a la realidad, recordando que había dejado
brevemente desatendido a un Hermano Galáctico de superior nivel, al dejar
discurrir sus pensamientos sin el menor control mental por su parte. Él
recordaba cuantas veces sus superiores jerárquicos habían advertido sus lapsos
mentales con una amable sonrisa, que dejaba translucir la poca madurez
espiritual que observaban en su inferior durante los citados lapsos.
Esa
sensación, aunque colmada de amor y paciencia, de los hermanos de las
estrellas, no dejaba de incomodar a Atmah... ¡Cuánto echaba de
menos la irónica sonrisa de su querido maestro Djul
Nor!
Y sus deliciosos desplantes...
Desolado, comprobó que
nuevamente había descuidado la atención debida a un ser de tan alto rango y,
sin saber cómo disculparse -lo cual empeoraría aún más su falta-, se dejó
llevar hasta que recibió un mensaje mental claro y esperanzador por parte de su
interlocutor.
-
Sintiendo incomodar en sus profundas meditaciones a
nuestro anfitrión planetario... ¿Podrías, por favor, Atmah… Informarme de la
localización exacta de esta ciudad y de los aspectos más destacables que yo
debiera conocer acerca de ella?
Atmah
quedó nuevamente impresionado. Aquel mensaje podría muy bien haber salido de
boca de su amado maestro, pero difícilmente de un ser de la lejana región de
Sirio, y menos de tan alto grado iniciático. Además, el ligero “retintín”
irónico evidenciaba que él había estado observando todos sus pensamientos.
Pero ¿Cómo...? El
Matih-Apaneya, o protocolo del respeto
hacia la intimidad mental de cada ser, no había sido roto, o por lo menos Atmah no era consciente de ello.
El
Matih-Apaneya era un protocolo muy
estricto que todo iniciado desde su primera lección debía aprender y aplicar
con suma pulcritud. El derecho a la intimidad de la mente es un derecho sagrado
que todo ser sin distinción de grado debe aplicar.
En el mecanismo de transmisión
del pensamiento cada interlocutor debe proyectar sus diálogos sobre una parte
de su mente
que está abierta a la comunicación pública, reservando sus
pensamientos íntimos a otra parte perfectamente resguardada y a salvo de
intrusiones. Los primeros años de instrucción de todo iniciado son dedicados
con esmero a controlar y afianzar el manejo de dicho protocolo, tanto en el
respeto y práctica, como en la detección y defensa en caso contrario, pues una
de las lacras sociales de la humanidad de superficie era la práctica de la
magia negra en una de sus peores facetas, la misma que los humanos de superficie
conocen como Mesmerismo o Hipnotismo. Las fuerzas involutivas no dudan jamás en
usar dichas prácticas, siempre y cuando cuenten con alguien tan débil o
desprevenido como para permitírselo.
Atmah
miró directamente a los ojos a Arânah,
sólo para descubrir que éste lo miraba asimismo con una sonrisa paciente como
queriendo decirle…
-
¿Has terminado ya con tus disertaciones, o tendremos
que esperar un Manvantara
completo para obtener una simple respuesta a una pregunta más simple aún?.
Atmah
dio un respingo involuntario y comenzó sin dilación con la esperada contestación:
-
Señor, nos encontramos ahora en la muy noble y
antigua ciudad de Târâ,
que fue erigida en conmemoración de la Madre Creadora: Târâ, o Târakâ.
Los
archivos Akáshicos definen la aproximación
de la Madre Târâ
a este planeta justo en el momento de las luchas de la Tríada, la Guerra en
los Cielos, ésta es la época que precisamente se denomina en este planeta como
el Târakâ-Maya. Târâ
era la consorte de Eloi
el Regente de Júpiter, que fue raptada por el Príncipe Tao
de la Luna o Soma,
como se denomina a la influencia de la esencia lunar sobre la Tierra.
Soma es el Dios del misterio que predomina sobre la
naturaleza del hombre de superficie. Târâ representa
a la esposa del sumo sacerdote solar y la unión entre ambos alumbra al Buddha; el Ser Superior en el
sacrificio de su descenso a la materia para la elevación de los seres humanos
en su camino evolutivo.
Târâ es
pues la Madre del Buddha;
la Sabiduría representada por el planeta Mercurio en éste sistema solar. Ésta
simbología nos afecta especialmente a los seres intraterrenos de la Tierra,
pues el Buddha
nos muestra el camino del sacrificio y la renuncia, en favor de nuestros
hermanos más desfavorecidos de superficie.
Pero
no es solamente Ella, la Madre de la raza intraterrena, sino también la de la
Quinta Raza
de superficie.
Cuando
las luchas de la Tríada acabaron con la raza impía de los Atlantes. Ella
intercedió ante
Eloi (Júpiter), para que éste permitiese a los Titanes
(Kabiri),
la formación de la Quinta Raza Raíz.
Ella,
es la encarnación de la Sophia Divina, la Luz del Logos, la Raíz del Yo mental
y también del Yo físico. Ella es Vâch, la Hija y la Madre del Logos; la Vâch Divina, la “Reina de los Dioses”. Aquella
que con sus flores crea el Lenguaje Místico, y son precisamente sus flores místicas
las mismas que se cuidan y se veneran en ésta ciudad como el único lugar en
todo el planeta Tierra en el que aún se pueden encontrar las Flores de Vâch,
las Flores Místicas del Desierto...
Atmah
frenó en seco su apasionada narración mental y miró de lado a Arânah, sólo para intentar
precisar, aunque con cierto recelo, el talante y la opinión de éste, sobre la
atropellada y vehemente narración, que él sabía perfectamente, no era acorde
con el pragmatismo que se presuponía en un ser de tercer nivel.
Pero
ahora fue el propio
Atmah
el que se quedo asombrado al comprobar que Arânah, no solamente parecía estar disfrutando de su
enardecida charla, sino que se encontraba realmente embelesado con la
naturalidad y frescura
con la que Atmah desenvolvía el hilo de
sus pensamientos.
Y
fue precisamente Arânah, el que urgió
amigablemente a Atmah,
a que continuase con su narración.
-
Si, Atmah,
conozco perfectamente el significado del fervor que la Madre Eterna provoca en
sus amados hijos; en mi planeta de origen, Manat, la conocemos por otros
muchos nombres, aunque sus atributos y su magnificencia son siempre los mismos.
Pero dime ¿Quién representa ahora al Espíritu de Vida en tu planeta?
-
Hermano mayor y guía espiritual en la Luz de Anu, la regenta del Espíritu de Vida en este
planeta es hoy Thaykhuma,
el ser que representa a la Madre Universal. Thaykhuma, es hoy una Alta Jerarquía
dentro de la tríada que gobierna el Centro Planetario Regente de Miz Tli Tlan,
y es a su vez, la gobernanta de los Espejos del Cosmos instalados en todas las ciudades
intraterrenas, los cuales, se coligan con los patrones y la energía de Vida que
parten del Gobierno Celeste Central.
-
Atmah,
sin ánimo de agotar tu paciencia. ¿Podrías explicarme la estructura jerárquica
de tu planeta y la situación que ocupa ahora esta ciudad de Târâ en el espacio físico y en la tarea evolutiva
de la Tierra…? Por favor no me malinterpretes apresuradamente, ya sé que es
un poco irregular que este tipo de conocimientos sean requeridos por un ser de
rango superior a un ser de inferior rango jerárquico, pero estoy realmente
interesado en captar el punto de vista de los propios habitantes de este planeta
acerca de la situación y el estado del mismo. La experiencia me ha enseñado
que los fríos informes asépticos y objetivizados al máximo nivel posible, no
siempre son los óptimos para entender las profundas causas que intervienen en
el devenir de la Vida Autoconsciente en el Universo Manifestado.
Atmah estaba realmente estupefacto; el ser que se
encontraba ciertamente ante él, no encajaba en ninguno de los patrones que él
se había formado durante sus años de experiencia con los Hermanos Galácticos. A
cada momento, Atmah,
tenía más y más la sensación de hallarse ante su amado maestro Djul Nor, y ante una de sus
acostumbradas y escurridizas pruebas mentales.
Así
pues, sin perder tiempo,
Atmah se dirigió hacia la mesa de piedra maciza que se
hallaba en el centro de la habitación y tomando una esfera de cuarzo líquido
que se hallaba sobre un pedestal de malaquita, la sostuvo sobre su mano derecha
a la altura de sus ojos.
-
La ciudad en la que nos hallamos actualmente se
encuentra en la corteza exterior del planeta, en un estado sutil de cuarta
dimensión, con lo que nuestra actividad y presencia puede pasar desapercibida,
hasta cierto nivel, a los humanos de superficie que se hallan constreñidos a un
mundo material de tres dimensiones. Realmente existen muy pocas ciudades sutiles
sobre la superficie de la Tierra actualmente, y desde luego ninguna con la
importancia actual de ésta en la que nos encontramos.
Para
poder desarrollar nuestro trabajo sin perturbaciones constantes, debemos estar
alejados de los núcleos habitados del planeta, por eso nuestra localización
geográfica actual se encuentra en un lugar inhóspito del desierto del Sahara
totalmente apartado de cualquier núcleo de población y a salvo de cualquier
intrusión.
Al comenzar la charla mental de Atmah, la esfera de cuarzo líquido
comenzó a reflejar los detalles de lo que su mente narraba. Gigantescas dunas
de arenas sobre una superficie calcinada por el sol de mediodía escondían una
ciudad de piedra que tenía la levedad de las nubes de polvo que vuelan por el
desierto y la fugacidad del espejismo que flota en el aire tórrido del desolado
horizonte ardiente.
La ciudad estaba compuesta por
cientos de casas de piedra maciza de aspecto tronco-piramidal separadas entre
sí
y agrupadas entorno a una gigantesca mastaba en la que se erguía una inmensa pirámide escalonada.
Una muralla de arena parecía ocultar completamente a la ciudad que no disponía
de puertas en la misteriosa muralla exterior. En su interior a modo de calles
unos canales llenos de una vegetación de exuberante color verde, recorrían el
escrupuloso trazado perpendicular de todas sus calles, cuya distribución en
forma de cuadrados idénticos, aislaba cada casa de sus convecinas mediante el
foso vegetal que a resguardo del ardiente sol discurría por el pié de las pirámides
truncadas que constituían los regulares edificios de la ciudad.
En
el exterior de cada una de las moradas de roca basáltica, no se observaba
abertura alguna, sólo una cornisa de piedra circundaba a media altura cada
edificio, justo por encima del nivel del espeso manto vegetal. No se apreciaba
en absoluto el inmenso hemiciclo ajardinado que había visto
Arânah, en su primer contacto con
la ciudad, pero el experimentado maestro, intuía claramente el pliegue
dimensional en el que se escondía el citado hemiciclo central, así como otras
múltiples salas y edificios que se escondían en las ondulaciones dimensionales
de la gran pirámide escalonada que ocupaba el corazón de la ciudad.
Atmah,
esperó algunos minutos a que su guía observase detenidamente las imágenes de
cuatro dimensiones que aparecían dentro de la esfera de cuarzo, y en el momento
en que creyó finalizada la inspección, reanudó cortésmente su narración
telepática.
-
Ésta ciudad que ahora contemplamos ha existido antes
incluso de los albores de la Quinta Raza Raíz, y ha pasado por distintos
aspectos y localizaciones desde entonces.
Durante
el último período Atlante, en el cual, la ciudad se situaba en el lugar que
actualmente los humanos conocen como Groenlándia, la localización geográfica
de ésta ha ido descendiendo en latitud, a medida que los cataclismos
planetarios modificaban la red magnética del planeta. Uno de los vórtices de
esa red magnética planetaria sirve a ésta ciudad como
fuente de energía
y como motor adimensional del campo de expresión y sutilización de la
energía Brill necesaria para su
conformación multidimensional. También constituye el medio de comunicación
con las realidades suprafísicas del cosmos y del mundo intraterreno desde los
espejos mayores concentrados en el interior de la gran pirámide…
En la esfera que sostenía Atmah
sobre sus manos, se mostró una imagen del globo terrestre que giraba con una
configuración de continentes muy distinta de la actual. El súbito vuelco del
eje planetario modificó drásticamente la energía cinética almacenada por la
corteza terrestre, y el cambio violento de aceleración hizo que océanos
completos se desbordasen por encima de algunos continentes, yendo a caer sobre
otros mares y océanos que a su vez se desbordaron creando corrientes
descomunales de aguas que anegaron y arrastraron grandes extensiones de tierra
hacia otros lugares. La corteza terrestre continuó sufriendo una intensa
actividad tectónica; se fragmentaron hundiéndose definitivamente algunas
placas continentales bajo las aguas, haciendo elevarse con ello, a otras que
esperaban bajo los océanos el momento de su ciclo reproductor.
Y
Atmah,
continuó con su crónica mental:
-
Los dos polos magnéticos Norte y Sur, al fin,
permanecieron medianamente estables en su posición actual manteniendo un cierto
ángulo de precesión que modificaba su posición relativa con respecto al eje
de giro, que a su vez, realiza la nutación planetaria en ciclos de 18,6 años.
Para
controlar el cinturón de radiación planetario, diez vórtices magnéticos
secundarios fueron estabilizados en puntos localizados cerca de los paralelos 36º
Norte y Sur, y con una deriva de 72º de longitud entre ellos.
Estos diez vórtices
magnéticos se hallan localizados actualmente en los dos hemisferios: En puntos
distribuidos en la superficie terrestre del hemisferio Norte conocidos por los
humanos de superficie como: Triángulo de las Bermudas; Costa de la Península
Ibérica y Marruecos; Area Oeste de Afganistán; Mar del Diablo, en la costa de
Japón y por último las islas de Hawai.
En el
hemisferio Sur los cinco puntos de la superficie terrestre donde son localizados
los vórtices magnéticos secundarios, son conocidos como: Costa de la
Argentina; Costa del África del Sur, Sur del Océano Índico; Mar de Tasmania y
Sur del Océano Pacífico.
Éstos
puntos regulan la transferencia de las partículas másicas del campo de radiación
magnético de la Tierra y, además, por convección magnética, el transporte de
grandes cantidades de moléculas de agua entre el mundo intraterreno y el de
superficie, aunque en la implicación de éste efecto, eventualmente, también
se “succionen” algunas otras “moléculas” no precisamente de agua…
Como ocurre en los núcleos más activos, actualmente definidos como los triángulos
entre Bermudas, Miami y puerto Rico. Malvinas, Río Gallegos y Viedma. Tokio,
Sangay y Vladivostok. Nueva Zelanda, Melbourne y Sydney.
En estos triángulos se
suelen producir alteraciones temporales en los pliegues dimensionales que pueden
atrapar elementos y seres pertenecientes al mundo exterior, e incluso a los
seres del mundo interior transportándolos de un lado hacia el otro.
Así
como en la antigüedad el vórtice del Area Oeste de Afganistán y la región
del Himalaya, fue el vórtice energético de la mítica ciudad etérica de
Sahgrilâ; hoy el vórtice magnético de la costa de la Península Ibérica y
Marruecos es el núcleo energético que conforma y vitaliza a la ciudad de Târâ.
Ciudad que llegó a ser conocida como Tara por los antiguos celtas; la isla de
Avalón en la era Artúrica o la isla de San Borondón de las leyendas Celto-Hispánicas.
Todo esto ocurría cuando varios reflejos de la ciudad se encontraban ubicadas en latitudes más
septentrionales y localizadas sobre el mar.
En aquella época, la
Ciudad era una isla flotante, que se movía en función de las tareas
de ayuda a realizar con la humanidad de superficie, y a la polarización
de los campos energéticos. Hoy la Ciudad
se ha recogido en el centro de un gigantesco desierto sin ningún
atractivo económico para los hombres de superficie, desde el que se realizan
actividades de disolución de los vórtices destructivos originados por las
gigantescas formas mentales negativas creadas por los millones de humanos
enloquecidos que reaccionan al unísono por la acción excitante de los medios
de comunicación de masas, que manipulados por las fuerzas involutivas,
polarizan las mentes inmaduras de los seres humanos en olas concretas de odio,
miedo y pasiones desenfrenadas.
Las formas mentales así
constituidas son inmensas nubes de energía negativa, usadas por las fuerzas
involutivas para sus oscuros fines de magia negra y el control del plano etérico-físico
de superficie.
La Ciudad desarrolla una
insustituible labor de disolución de esos gigantescos nódulos mediante la acción
violenta de los elementos atmosféricos. Gigantescas tormentas de polvo del
desierto atraviesan África y Europa disolviendo las formas mentales negativas
que habrían asfixiado a la raza humana desde hace mucho tiempo encaminándola a
una situación aún más desesperada de la que vive actualmente.
Atmah
detuvo en ese instante su crónica mental, dándola por terminada. No sabía
hasta donde deseaba profundizar su nuevo guía en la historia y orígenes de Târâ, y tampoco deseaba dar una impresión
negativa de incontinencia mental.
Cuando
Atmah, paró la narración, se produjo un momento
apacible, los dos seres meditaban acerca de su próximo trabajo en conjunción y
daban las gracias al Oculto en la Formas por el provechoso principio y fructífero
aspecto de su futura cooperación.
Arânah,
rompió el silencio mental realizando una pregunta clara y concisa:
-
Atmah
¿Hay algo que debieras preguntarme…?
-
Si, Gran Hermano, puedo preguntar… a riesgo de
parecer curioso: ¿Es posible conocer cuál será nuestra Misión durante las próximas
etapas?



|