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A los pocos minutos descubrió, la que reconoció como la informe e inexpugnable ciudad infernal del Pâtâla, rodeada por un océano de magma burbujeante. Y sin ni siquiera darle una mínima tregua para observar más detalladamente la inmensa planta de la capital del reino de Amenti, el tubo de luz lo introdujo dentro de una de las ciclópeas y rudimentarias viviendas.
Al mirar detalladamente la habitación, se percató de que en un lecho de piedra negra, una figura gigante, de perfiles confusos, yacía acostada en el pétreo lecho. Al principio Atmah creyó que aquella figura era una amalgama de escoria negra, dejada al azar, caída, por algún motivo desconocido para él. Pero inmediatamente se dio cuenta que pese a su inmovilidad absoluta, aquel ser estaba vivo y lo observaba a él a través de unos tenues y casi extinguidos tizones que a modo de rescoldos brillaban en sus ojos.
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

EL LEÓN DE PLATA

EL REINO DE AMENTI
(III)

4. EL REINO DE AMENTI
(
PARTE III )
Atmah
vio entonces como la Naturaleza jamás permanece estacionaria, pues siempre está
Viniendo a Ser, al igual que toda vida esta creciendo o menguando. ¡Pero nunca
Siendo...!
En ese momento la materia
luminosa de la que formaban parte los Leones de Fuego se desprendió de éstos
para acoplarse sobre la puerta y cambiar su color negro por el de un radiante
tono blanco azulado que desprendía un fulgor inusitado. Al instante, como si se
tratase de una consecuencia oculta de la metamorfosis sufrida por la puerta
abismal, una especie de tubo de luz se abrió delante de él succionándolo
hacia un mundo de lava hirviente que se abría ante sus ojos en una anarquía caótica,
sin precedentes en su imaginación.
Atmah
se dio cuenta inmediatamente de que aquel tubo de energía, no sólo lo dirigía en
una dirección prefijada, a la vez que desconocida para él, sino que también
impedía, por su parte, cualquier desviación
o distracción en su “vuelo
guiado” hacia algún lugar ignoto.
A los pocos minutos descubrió, la que reconoció
como la informe e inexpugnable ciudad infernal del Pâtâla,
rodeada por un océano de magma burbujeante. En su vuelo guiado se acercó con
precisión a su perímetro y sin ni siquiera darle una mínima
tregua para observar más detalladamente la inmensa planta de la capital del
reino de
Amenti, el tubo
de luz lo introdujo dentro de una de las ciclópeas y rudimentarias viviendas.
Al penetrar en la asimétrica
morada, quedó suspendido en el aire muy cerca del techo de una habitación
oscura como el carbón, la cual, sólo era iluminada por la luz rojiza que
penetraba omnipresente por una abertura en el muro realizada a guisa de
rudimentaria ventana. Todo el entorno era un mundo de sombras y roja luz, un
universo monocromático, donde decididamente el negro y el rojo eran los únicos
colores dominantes en el calidoscopio aberrante que constituía aquel extraño
mundo.
Al mirar detalladamente la habitación, se percató
de que en un lecho de piedra negra, una figura gigante, de perfiles confusos,
yacía acostada en el pétreo lecho. Al principio Atmah
creyó que aquella figura era una amalgama de escoria negra caída, dejada al
azar por algún motivo desconocido para él. Pero inmediatamente se dio cuenta que
pese a su inmovilidad absoluta, aquel ser estaba vivo y lo observaba a él a
través de unos tenues y casi extinguidos tizones que a modo de rescoldos
brillaban en sus ojos.
Al instante Atmah
lo supo, aquel ser se estaba
muriendo. Su cuerpo de ceniza volcánica se estaba descomponiendo rápidamente, y
el magma de vida que alimentaba sus entrañas se hallaba ya casi extinguido.
Aún así, el ser infernal continuaba mirándolo como si le formulase una
pregunta terrible y a la vez esperanzadora...
Atmah
no sabía que era lo que se esperaba de él en aquellos momentos y porqué se le
había permitido atravesar la puerta del Sheol; mas sintiéndose útil en esas circunstancias,
se aprestó a observar atentamente al ser agonizante y su entorno hasta
averiguar el significado de todo ello. Un fogonazo iluminó su cerebro con la
fuerza del resplandor del rayo. En su mente afloró un poderoso pensamiento: Yo
Soy Él; en contraposición de la afirmación auto consciente: Yo Soy Yo, la
cual define al Elemento Ahankâra
en toda su
profundidad y extensión.
Aquel ser iba a morir habiendo visto el cuerpo donde
él mismo continuaría en un ciclo venidero su camino ascensional hacia la
consecución de la Moksha o estado de bienaventuranza. O lo que venía a ser
lo mismo: Atmah contemplaba una parte de sí mismo que yacía en las
entrañas ígneas del planeta como si de su propio anti-ser se tratase. El
habitante del Pâtâla, rememoraba en su espíritu recuerdos ocultos e ignorados de una
trascendencia tan profunda que eran inabarcables a su consciencia, era como si
él estuviese redescubriendo ahora el antípoda de un Yo profundo e
ignorado.
Al instante, como si fuese un
leño crujiente en la chimenea al final de su vida ígnea, sobrecogido por su último
estertor, éste se deshizo en un rumor de arenisca desmenuzada que invadió el
habitáculo, haciendo que un humo de azufre espeso rodease lo que aparentemente
se presentaba como el cuerpo astral del ser infernal, del cual se desprendían jirones,
como si de las pavesas grises levantadas por el viento
nocturno de un fuego extinguido se tratase.
Las pavesas cenicientas
revolotearon sobre el consumido cuerpo mineral del ser con quién, había
surgido una relación nunca imaginada, aunque algo inquietante.
Aún así, el sentimiento íntimo que Atmah
percibía, se revelaba como la clave de la unión cósmica, como el umbral del
gran día Sé-Con-Nosotros, en el cual su Yo más íntimo o Mónada
atravesaría el
gran círculo No-Se-Pasa para unirse al fin con el Primer Uno.
Esos pensamientos le sumieron
en un estado interior de gran serenidad en el que perdió la conciencia de
todas las cosas.
Al salir del trance, se alarmó
pensando que se hallaba bastante más aturdido de lo que él mismo podía
asumir, pues insólitamente, se encontró de improviso, en un paisaje nunca
antes visitado. Sobre una pradera
de hierba de un color verde rabioso y desconocido para él; un sol gigantesco y
de una potencia inusitada lo inundaba todo, con un resplandor cegador que se le
antojó abrumadoramente cruel.
Dos figuras caminaban a buen paso sobre la
fresca hierba, eran decididamente seres humanos, pero sus cuerpos toscos
y sus cabellos negros y encrespados les daban un aire algo primitivo. Al instante creyó
reconocerlos como maestro y discípulo, pues vestían hábitos y se movían de
forma silenciosa y ceremonial por entre las gruesas piedras graníticas de un
bravo río de alta montaña. El monje veterano que iba en cabeza portaba una
vela encendida, al tiempo que saltaba ágilmente de piedra en piedra atravesando
así el peligroso y turbulento torrente que
descendía impetuoso por la escarpada pendiente. Detrás de él, un joven acólito
le seguía saltando también de roca en roca, pero con bastante menos soltura y
confianza. En el último paso, precisamente el más peligroso, el novicio cayó
al agua siendo arrastrado rápidamente por la turbulenta corriente. El joven
novicio era ahora zarandeado por la corriente como si de un muñeco de paja se
tratase, cayendo sin control de un salto de agua al siguiente. El vértigo de la
caída hizo que Atmah
se encontrase momentáneamente mareado. Cuando se recuperó del leve mareo, se
halló en un torbellino de agua y espuma, atónito, comprobó que él se encontraba ahora
en el puesto del novicio, siendo él mismo quién realmente se hallaba en
esa
desesperada situación, luchando sin control contra el embravecido y mortal
torrente de montaña.
Casi sin fuerzas, Atmah
lograba aferrarse a una roca justo en el momento en que una descomunal cascada
se abría frente a él. Aterrado trepó por la fría piedra, al tiempo que contemplaba
el enorme abismo que se abría justo a continuación de la minúscula peña en
la que se había encaramado. Entonces, para colmo de males, la roca comenzó a
moverse, amenazando con desprenderse y arrastrarle en su caída hacia el abismo
rugiente. Rápidamente evaluó la posibilidad de llegar a nado a las otras rocas
que había a su alrededor, pero enseguida descartó esa posibilidad al observar
la corriente y la lejanía de las peñas más próximas.
En aquel momento, admitiendo su impotencia,
tranquilamente se sentó en el saliente a esperar su cruel destino. Pero
entonces, de improviso, desde algún lugar, una cuerda surcó rauda el aire
hacia la dirección en la que él se encontraba; al vuelo, consiguió atraparla
antes de que la corriente la engullera. Sin pensarlo dos veces, Atmah dio un par de fuertes tirones y tras comprobar que ésta se
halla firmemente amarrada en el
otro extremo, se lanzó con decisión a la turbulenta corriente, forcejeando
contra la misma hasta alcanzar finalmente la otra orilla.
Al instante, Atmah
trepó por la pendiente para ir al encuentro de su amado maestro y salvador,
pero al llegar a la otra extremidad de la cuerda, atónito comprendió que no había
nadie sujetándola en el otro extremo, y que sólo su propia valentía y
entereza habían sujetado por sí mismas la cuerda salvadora.
Atmah
se sentó desconcertado y agotado en el húmedo suelo, mientras vislumbraba el
significado de la escena. Con tristeza, comenzó a entender que de ahora en
adelante no tendría más maestro ni más guía que su propio Yo interno. Ningún
otro ser velaría en el futuro su avance con la misma intensidad que lo hacía
ya su Mónada o Yo superior.
Aunque esto debería significar
un orgullo para él, la verdad es que un vacío tremendo cubrió su corazón con
el recuerdo de su querido maestro…
Un sonido profundo de trompetas y el retumbar de unos
tambores le hicieron aprestarse para la aparición, de nuevo, de las terribles Dakinis y de los Herukas
bebedores de sangre. Pero sólo la fría oscuridad y el dolor de unos músculos
entumecidos y atrofiados, respondieron insensibles,
con una inmovilidad casi total a la acuciante orden de su cerebro.
Poco a poco, el sonido que parecía provenir de
ultratumba, tomó cuerpo, y acercándose lo envolvió todo a su alrededor, hasta
que el rumor sordo de una gran losa en movimiento lo reintegró a la nueva
realidad, que ahora Atmah sabía, era sólo una más de las múltiples
realidades paralelas que fluyen a su alrededor...
eeeeeee
Todo esto bullía en la cabeza de Atmah,
cuando súbitamente es consciente de que alguien entra apaciblemente en la celda de meditación
en la que se encontraba instalado.
Avergonzado se da cuenta de que
el plazo de tres horas ha concluido y él no le ha dedicado ni cinco minutos a
la meditación de la tarea
encomendada.
Al volverse descubre el rostro
sonriente de su maestro.
-
Atmah, ¿cuál
es el pensamiento que turba tu concentración y entorpece tus sentidos de esta
forma?
-
Mi
maestro Djul Nor, desearía hacerle una pregunta. ¿Cuál es la
finalidad de realizar un estudio sobre algo tan trillado como El Cisma de Irshou
y la Rebelión de Çakya-Mouni,
cuando los niños en las escuelas elementales están obligados a realizar
regularmente ejercicios de sinopsis y meditaciones sobre este tema durante todo
un año?
Djul
Nor enarcó una
ceja: -Responder a una pregunta con otra era una lección que no recordaba haber
dado a su pupilo-. Pero consciente de la confusión que Atmah dejaba traslucir, suspiró y se preparó para una larga y
paciente conversación.
-
El Caos
no es comprendido correctamente por aquellos que creen vivir la armonía,
algunos lo juzgan aparte de lo manifestado, otros lo interpretan por completo
como si fuera una abstracción. Pero si la gente comprendiera cuán
multiformemente el Caos se introduce en la existencia, experimentarían la
necesidad de la cautela. Cada disonancia, cada decadencia, si no es
inmediatamente disuelta, acarrea la ola del Caos.
Atmah frunció el ceño y pensó: -¿Porqué
su maestro no contestaba nunca directamente a una pregunta directa?-. Y como si
se tratase de una lección bien aprendida, empezó a estrujar su cerebro para
estructurar un razonamiento de réplica organizado según los principios y cánones de la lógica.
-
Maestro,
El Cisma de Irshou y la Rebelión de Çakya-Mouni,
son dos acontecimientos muy principales que han causado profundas
transformaciones en nuestra sociedad, por eso mismo los más ilustres iniciados
e incluso los grandes Epoptes
de la Paradesa
han investigado
durante milenios las causas y consecuencias de estos hechos,
utilizando para ello todos los medios físicos, astrales y espirituales que han
podido ser empleados por las Altas Escuelas y todos los Sagrados Colegios.
Por este motivo, temo no poder
aportar ningún dato o punto de vista de relevancia en estos temas con mi
humilde contribución.
Ahora la conversación empezaba a adquirir el nivel
que Djul Nor consideraba adecuado para una fructífera y postrera lección.
-
Sólo se
me ocurren tres razonamientos principales por los que el estudio de tales
hechos, por tu parte, pueden ser de gran utilidad a este planeta.
Primero: La Verdad Absoluta no existe, excepto para
Dios, pero sin embargo, sí existe la Verdad Única o Maat,
ella puede ser concebida como una piedra de múltiples facetas o un Tótem de múltiples
caras, éste último, siendo observado desde distintos ángulos, muestra
distintas caras, pudiendo ser percibido por las gentes desprevenidas como si se
tratasen de objetos distintos, cuando en realidad se trata del mismo objeto. En
contraposición, la mentira puede ser imaginada como un rebaño de ovejas en un
amplio prado, varios observadores
distintos en lugares diferentes creerán haber visto a la misma oveja, cuando en
realidad se trata de animales distintos. Por
tanto, la Verdad y la Mentira absolutas deben ser rechazadas y, en su lugar,
debemos entrenar el espíritu para discernir lo único en lo variado y la
variación en lo único.
Segundo: El acceso a la verdad es un acercamiento a
nuestro ente superior o Mónada que es la que realmente contiene la chispa de
vida nacida de lo increado. Cuando la chispa de vida se desprende, se imprime en
ella la síntesis de toda su trayectoria en el espacio, síntesis que puede ser
entendida como una
nota cuya vibración se encuentra registrada en el
Akasha. Este
acercamiento al mecanismo espiritual proporciona las percepciones sobre la trayectoria evolutiva
individual del propio ser, el propósito planetario y después, el solar.
Tercero: Entre el observador y el objeto observado
existe un principio de acción y reacción que determina cambios físicos y
sutiles en la coyuntura de las partículas que los unen y se agregan por
similitud energética, los cuales, transforman a ambos al mismo tiempo. Dicho
principio se ha dado en llamar Ley de Correspondencia y reúne las necesidades
que se presentan durante la concreción del propósito evolutivo. Por esta ley,
las agrupaciones de los diversos agentes, tienen en cuenta un conjunto de
factores tales como los vínculos Kármicos
y el Destino.
Aunque no podía abarcar todos
los aspectos del razonamiento de su maestro, indudablemente todos aquellos
argumentos sonaban de lo más serio… Pero algo no terminaba de encajar en el
tumultuoso proceso de sus ideas, algo que su maestro le había dicho en una
ocasión y que él aún guardaba a medio digerir en algún oscuro rincón de su
mente.
-
Sadhú, no puedo entender claramente porqué el Caos puede
constituir un elemento tan perturbador y llegar a ser motivo de preocupación
para los Epoptes de la Paradesa, precisamente
aquellos que han guiado al hombre mortal a lo largo de los ciclos en su elevación
hacia los principios que guían a los mismísimos Dhyân
Chohans.
-
Al objeto
de que llegues a comprender esa situación en toda su profundidad, es debido precisamente el motivo de la tarea que te ha sido encomendada y,
justamente porque aún no llegas a asimilar su significado, la tarea se muestras de lo más
necesaria.
-
Maestro.
¿Cómo puede el Mal inferir en los
designios de Anu, aquel que mora en el espíritu de sus más
fervientes hijos, los Logoi Mayores, los
cuales son la fuente de los Rayos y de los Fuegos?
-
Precisamente, el Maligno habita en todos los aspectos
de Mâyâ
o reino de las ilusiones, como parte integrante de la Gran Dualidad. ¿Acaso no
brilla el Símbolo del Maligno, en la cabeza de la Gran Serpiente de Vishnú?
¡Ananta,
la serpiente de siete cabezas sobre la cual reposa el mismo Vishnú en
su viaje por todo el Manvantara!
El fabuloso Dragón de Siete Cabezas que habita en el corazón del Naraka
avivando el
fuego de la materia…
-
Estimado Gûrû, tal y como tu sabia doctrina me ha enseñado: si la Gran Dualidad
habita en el Uno sin Nombre, y la Luz y las Tinieblas son iguales en el Absoluto
sin Tiempo. ¿Qué podemos hacer los mortales para evitar lo irremediable, el
hecho innombrable, aquél que será armonizado consecuentemente con el equilibrio de la
balanza Kármica en el cierre de cada ciclo…? -el discípulo pronunciaba esas
palabras con un cierto tono de autosuficiencia que el maestro captó
inmediatamente.
-
Querido
discípulo… -comenzó el maestro con una “entonación” en sus palabras que
desconcertó a su orgulloso inferior... tanto en gracia como en virtudes- ¿Cómo podría
explicarte…? –y rápidamente el maestro decidió cual sería el enfoque más
apropiado para desmontar el superfluo andamiaje que el pupilo había construido
alrededor de su sobrevalorado razonamiento: ¡Habría que enseñarle a contar
con la más elemental de las aritméticas!!!-
La mística Década, que como
sabes se compone del 1, el 2, el 3 y el 4, que sumados dan 10; es un medio de
expresar al Ser existente por sí mismo, el Ser del cual todas las cosas fueron,
son y serán engendradas… -El discípulo intuyó que aquel cambio brusco en el
tono de la conversación de su maestro no auguraba nada bueno, y decidió
permanecer a la defensiva en un mutismo premeditado que en el fondo tenía bastante
de “protesta pasiva”-.
El Uno es símbolo de Dios; el Dos representa a la
Materia; el Tres expresa el Mundo Fenoménico, pues combina a la Mónada con la
Dualidad y participa de la naturaleza de ambas; el Cuatro representa a la
Perfección y significa la vacuidad de todo; y por último el Diez representa el
cosmos completo… –¡Aquello era el colmo! Su maestro tenía que estar
especialmente disgustado con él, para someterle, precisamente el gran día de
su aceptación como Pundit, a una lección que avergonzaría al más ignorante de los yoghis
por su simplicidad.
-
Estimado
maestro, no sé muy bien cual es el propósito de… -y se calló inmediatamente
al comprobar la expresión de la faz del maestro.
-
El Uno
primigenio no “existe” tal y como entendemos la existencia fenoménica
–continuó su maestro sin inmutarse-, Anu,
mora así, tanto en el centro como en la circunferencia y, aún así, él es sólo
el reflejo de la Divinidad, pues el Creador Uno no puede haber creado aquello
que no tiene principio ni fin y por definición es, por tanto, lo
“Increado”, el No-Ser, el AQUELLO.
Así, el Cosmos es increado, pues permanece eterno,
en perpetua transformación, y no podemos ni siquiera dividirlo entre espíritu
y materia, sino en voluntad y manifestación, pues aunque ambos pudieran parecer
sinónimos, unos son sólo el reflejo fenoménico de los otros. Ya que todo lo
que tiene forma, incluso etérea o sutil, ha sido creado, y más pronto o más
tarde habrá de morir y trasmutar su forma pasada. La voluntad es pues superior
a la manifestación, la Voluntad Suprema es en definitiva la Ley que rige el
mundo manifestado. Pero al igual que Anu,
el Ser, es el reflejo del No-Ser; la Ley manifestada es el reflejo de la
No-Ley…
-
Gûrû, ¿quiere esto decir que la Armonía es tan sólo el
reflejo del Caos? –El recién admitido Pundit,
creía aprender así una nueva lección: ‘Que las cosas aparentemente
sencillas son las más complicadas si se las examina con profundidad.’
-
La
“Armonía” y el “Caos” a los que te refieres son sólo elementos
manifestados o estados de la materia. Los seres fenoménicos en su confusión
creen apegarse a la “Armonía” y al “Caos” como a dos caminos
alternativos y opuestos, cuando en realidad sólo se apegan a la Materia, a la
Forma Manifestada. Y aquél que se apega a la Forma la corrompe, pues sólo el
que se apega a la Ley preserva la Forma, al constituir la Ley, la causa y motivo
de la Forma misma.
Djul Nor,
se dio cuenta de que su pupilo se había perdido en un mar de divagaciones, y de
nuevo comenzó a buscar analogías, con las que explicar adecuadamente el
profundo sentido de sus razonamientos.
-
Atmah, tú como iniciado del Sagrado Colegio de la
Ciencia, has estudiado los efectos de las partículas lumínicas que parten de
un núcleo emisor, y sabrás que dichas partículas no se transmiten a priori en
línea recta, sino que por cada partícula lumínica que parte en línea recta
existe un sin fin de partículas que realizan las más estrambóticas
trayectorias.
Esas partículas
“fantasmas” no llegan a objetivo alguno, sino que, explorando todos los
senderos posibles, se desvanecen en el éter en cierto estadio del proceso, uniéndose
trascendentalmente a la partícula “perfecta”; es decir, a aquella que siguió
rigurosa y estrictamente la línea recta. Es como si la partícula que sigue una
trayectoria recta y por lo tanto armónica, cancelase el sentido y función de
aquellas que realizan trayectorias caóticas y así, éstas últimas dejasen de
existir, o más exactamente, dejasen de formar parte del universo o plano
manifestado real. Tú, sin embargo, sabes que esto es así, porque cierto
experimento físico realizado en nuestros laboratorios, modifica las frecuencias
armónicas de la partícula “real” y en lugar de ella, aparece en el plano
manifestado otro grupo de partículas “hermanas” de la primera, que cumplen
con una realidad armónica diferente e impuesta artificialmente debido a las
condiciones del experimento.
¿Quiere esto decir que la partícula
primigenia ha dejado de existir porque ya no es armónica aunque su trayectoria
siga siendo recta…? ¿O por el contrario, que la “Ley” de armonía ha
cambiado en un momento dado?
-
Sin duda
es la Ley la que ha variado en el plano de manifestación y, por tanto, la
exigencia de armonía es diferente; seleccionando con ello, a otro tipo de partículas
como las idóneas. Un nuevo grupo se forma ahora con las antiguas partículas
“fantasmas”, porque éstas están ahora adaptadas a las nuevas
circunstancias, y por ello, son las mismas que transcienden en el experimento al
mundo manifestado – Atmah
no quería ahora entrar en nuevas disquisiciones, sino mantener en todo momento
el hilo de razonamiento de su maestro.
-
Sí, es
la Ley la que puede modificar los conceptos relativos de “Armonía” y
“Caos”, y así, contestando a tu anterior pegunta… No, no es ese
“Caos” el que es motivo de preocupación para los Epoptes
de la Paradesa,
sino la
fluctuación de la Ley en la No-Ley por medio de la Voluntad. Pero esto será el
motivo de tu propia investigación a través de toda tu encarnación fenoménica,
y no solamente de ésta, tu segunda prueba ascética del Anâgâmin.
-
Pero Sadhú, ¿cómo puede cambiarse la Ley Única dentro de un mismo
Manvantara, el
cual fue fundado precisamente por medio de los cánones de esa misma Ley?
-
¿Cómo
cambias tú la ley armónica de la luz en tu experimento?
-
¡Es un
experimento muy burdo y simple…! -Atmah
percibió la extraña sensación de haber tenido ya el pensamiento de que las
cosas aparentemente sencillas son las más complicadas si se las examina con
profundidad- …se produce por medio de un conjunto de paneles opacos, en los
que se practican ciertas ranuras específicas, que proyectan un espectro de
interferencia armónica sobre una pared.
-
¡Bien,
verdaderamente los hechos más complicados tienen también una interpretación
simple! –remarcó su maestro la frase como adivinando los pormenores filosóficos
del alumno-. Atmah, si comparásemos ahora las vicisitudes de la partícula
lumínica con las de un alma humana, veríamos una tremenda semejanza entre
ellas: Las “hermanas fantasmas” del corpúsculo de luz armónico, son en
realidad las múltiples encarnaciones “imperfectas” de la Mónada humana, o
núcleo superior de luz y consciencia de una entidad individualizada completa.
Esas encarnaciones “imperfectas” de la Mónada son en realidad la forma de
experimentar los distintos caminos que a priori se pueden explorar al atravesar
el mundo de la materia o Mâyâ.
No obstante, todas ellas están unidas por medio del sûtrâtmâ, el Hilo de Plata, a aquella última
encarnación “perfecta” que liberará a todas las anteriores de la
No-Existencia, cuando finalmente ella alcance en el día Sé-Con-Nosotros, la
existencia perpetua.
-
Entonces
–dijo Atmah, impresionado por una súbita revelación-, las partículas
“fantasmas” al igual que las encarnaciones “imperfectas” humanas son únicamente
estadios intermedios de aprendizaje que culminan en la “madurez” perfecta de
la entidad humana completa, la cual, es finalmente divinizada, siendo una con la
Ley.
-
Yo no
habría podido expresarlo mejor… los corpúsculos lumínicos “exploran”
todos los trayectos del espacio hasta “descubrir” la línea recta, es decir,
la armonía con la ley, y es en ese momento, si es que se desea hablar de tiempo
secuencial, en el que la partícula “perfecta” asume la “experiencia” de
todas sus hermanas sintetizándola en el trayecto lumínico recto que
“aflora” en el plano fenoménico-trascendental. Y esto es así porque la Ley
permanece… pero, en el experimento con paneles ranurados, no es la partícula
perfecta la que se materializa en el plano fenoménico, sino algunos grupos de
sus “hermanas imperfectas”. En el mundo de los seres autoconscientes, la
Hermandad Oscura acecha en las sombras esperando que la inversión de la Ley
conceda que: ‘Lo torcido sea antes que lo recto y que la mentira se expanda
por encima de la verdad…’
-
Maestro,
¿Cómo es eso posible…? ¿Cómo puede existir un mundo abstruso en el que la
luz no proyecte ninguna sombra debido a su errática trayectoria?.
–Un Atmah
aún incrédulo ante el tremendo impacto de ésa revelación, miraba ahora
angustiado a su Gûrû,
esperando la consecución de la enseñanza, con el advenimiento de un
reconfortante final feliz que asegure el triunfo permanente del Bien sobre el
Mal.
-
Verás…
como tú muy bien señalaste, el Universo que se extiende ante nuestros
sentidos, fue creado mediante la Ley, también llamada la Regla o Gobierno del
Fuego por los Dhyân Chohans,
los Hijos de la Ley o Hijos de la Niebla de Fuego. Pero ese mundo abstruso al
que te has referido antes, no solamente es posible, sino que existió realmente,
y precisamente fue durante el tiempo de la Niebla de Fuego, la nebulosa
primordial de la cual surgió el mundo fenoménico. En aquellos remotos orígenes,
la luz aún “no sabía” el camino recto, pues la tremenda fuerza magnética
que existía entones, plegaba la luz sobre sí misma. Cuando la Ley quedó
establecida, nacieron los Dhyân Chohans
para construir el Universo de las Formas. Pero antes que ellos existiesen ya habían
sido creados los Suras,
los primeros dioses creadores que forman la primera emanación o creación
primaria desde las Tinieblas a la Vida Manifestada. Ellos fueron los padres
generadores de la Niebla de Fuego, partiendo de la materia oscura y fría
con la que comenzó el Manvantara.
Y el primero de todos ellos fue precisamente Ilda-Baoth, el Hijo de las Tinieblas, y por tanto llamado: La
Luz Refulgente, pues él fue la primera luz naciente de la fría oscuridad. Ilda-Baoth, o mejor dicho su fravarshi
(núcleo superior
divinizado) Ialda-Baoth, los Suras fueron anteriores a la
Ley y, por tanto, moraron en la No-Ley y de ella son deudos.
Aquella nueva revelación golpeó
como una maza al adepto, el cual pertinaz continuó tratando de sacar claras
esperanzas de un confiado futuro en un mundo de luz.
-
Pero,
querido maestro, ¿No es MIHAel, el Hijo Creador, anterior al mismo Ilda-Baoth,
y el guardián y garante de la Ley en el universo por él creado?
-
Un Rey no
lo es por la Ley ni vive para ella, sino que Él Es-La-Ley,
su corazón y su núcleo, su fuerza y su estandarte. La Ley no es una
abstracción, sino una consciencia, y esa consciencia tiene un núcleo que la
vivifica y un círculo que la propaga. MIHAel,
es el núcleo, el punto en el infinito A,
el Nicod
Bilo ShOPh cósmico,
pero nosotros formamos el círculo de expansión, cada criatura que vive y
dignifica la Ley la promulga y mantiene, sosteniendo así el universo fenoménico
en el que cursa las necesarias “experiencias” tendentes hacia su liberación.
Por el contrario, cada individuo que mancilla y abjura de la Ley la constriñe y
empobrece, destruyendo con ello el propio universo en el que habita.
Impresionado por las palabras de su mentor, el recién
estrenado Pundit sintió una punzada interna en su estima personal y
comprendió de repente, todo el inmenso amor y sabiduría que la asignación de
esa aparentemente “simple” misión entrañaba en sí misma.
-
Sadhú, mañana mismo iniciaré con total dedicación el
cumplimiento de mi tarea para mayor gloria del
Hacedor…de Anu… del Uno sin nombre… -Atmah
sintió por primera vez una gran confusión al no saber como referirse al
grandiosos y absoluto No-Ser, pero rápidamente, acordándose de los sabios
consejos de Lhamany, se rió francamente de su propia ignorancia
disipando con ello toda duda interior acerca de ésta y cualquier otra misión
futura. Ahora él sabia bien que su fuerza y su destino tendrían un claro
objetivo: ‘La vivencia y promulgación de la Ley…’
eeeeeee



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