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Cuando por fin llegan al borde mismo del mar de magma, el Maharshi, el Príncipe Iniciático, levanta sus manos y comienza a hablar por signos en el leguaje de los hierogramas
demiúrgicos. A partir de ese momento, los Pundits saben que no se puede hablar, comer, beber ni tocar ningún objeto en el reino de Amenti.
El grupo encabezado por el Maharshi atraviesa el mar de fuego levitando, sólo de cuando en cuando, unos ligeros pasos son impresos en la ardiente superficie y únicamente en aquellos puntos seleccionados por el gran maestro. A continuación, los avezados Pundits marcarán levemente sus huellas sobre el magma en esos mismos puntos, siguiendo escrupulosamente las huellas de su guía.
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

EL LEÓN DE PLATA

EL REINO DE AMENTI
(II)

4. EL REINO DE AMENTI
(
PARTE II )
Un yoghi deberá responder a las cualidades de las tres
resplandecientes artes:
<<
¿Quién podrá medir la extensión de sus cualidades? Pues el campo del yoghi
es el Espacio.
¿Quién
podrá enumerar sus victorias cuando los Fuegos resplandecen en él?.
¿Quién
podrá mencionar a los que han sido salvados por él, si él mismo los guía sin
haber averiguado siquiera sus nombres?. >>
Cuando por fin llegan al borde mismo del mar de
magma, el Maharshi, el Príncipe Iniciático, levanta sus manos y
comienza a hablar por signos en el leguaje de los hierogramas demiúrgicos. A
partir de ese momento, los Pundits saben que no se puede hablar, comer, beber ni
tocar ningún objeto en el reino de Amenti.
El grupo encabezado por el Maharshi
atraviesa el mar de fuego levitando, sólo de cuando en cuando, unos ligeros
pasos son impresos en la ardiente superficie y únicamente en aquellos puntos
seleccionados por el gran maestro. A continuación, los avezados Pundits
marcarán levemente sus huellas sobre el magma en esos mismos puntos, siguiendo
escrupulosamente las huellas de su guía.
Todos ellos practican en ese
momento, la lección esotérica largamente aprendida:
<<
Aunque la manifestación del fuego es destructiva para el cuerpo, el elemento
fuego, es perfectamente compatible con el cuerpo astral. >>
La acción de los Devoradores
de los fuegos puede ser controlada mediante la mente, evitando así cualquier
daño en el cuerpo físico. Así, las partículas conscientes llamadas
Devoradores, las cuales son solo las vidas ígneas que habitan los Átomos de
Fuego y, por consiguiente en el magma, son repelidas por el cuerpo astral,
siendo así el cuerpo físico protegido por la envoltura exterior de ese mismo
cuerpo astral.
Cuando se acercan a la Metrópolis ciclópea, el
Príncipe de los Magos ordena a los jefes del pueblo infernal obedecer,
esgrimiendo para ello ante los enfurecidos hijos de Plutón, los mismos sagrados signos demiúrgicos que el supremo Gûrû
de la comitiva utilizará como estandarte durante todo el trayecto.
Ante la escrutadora mirada del
reducido grupo de iniciados, los más extraños órdenes de arquitectura se
desarrollan hasta el infinito. Todos los metales y minerales aparecen mezclados
en una alquimia primitiva y grosera que configuran unas estructuras
exacerbadamente irregulares e irrepetibles.
Aquí y allá, furiosos de ser
interrumpidos por los magos, un pueblo con forma groseramente humana, pero de
cuerpo ígneo, se retira reticente ante los iniciados que se acercan. Algunos,
nerviosos, agitan sus alas y se dispersan en todos los sentidos, para ocultarse
tras las murallas plutónicas de su ciudad hasta que la comitiva haya pasado.
Los seres del Amenti doblan
en estatura al pueblo secular, pero su cuerpo no esta hecho de carne y sangre
sino de magma fluídrico y vivo en su interior y algo parecido a ceniza
volcánica en su exterior. Su fiero
rostro, semejante al de un toro, muestra el fuego vivo que bulle en sus fauces y
en sus hirvientes ojos. Sus alas, recuerdos de los seres que constituyeron la
Segunda Raza Raíz del planeta, aún son útiles hoy en día, pese a la terrible
densificación de sus cuerpos minerales porque la inestabilidad magnética y
gravitatoria de la esfera magmática, haría que estos seres fabulosos flotasen
a la deriva en las turbulentas tormentas magnéticas del mundo infernal si no
pudiesen navegar con sus alas entre la enrarecida atmósfera compuesta por gases
y humos de azufre.
Estos seres se presentan como
los descendientes directos de una de las más primitivas razas humanas, la
Segunda Raza Raíz, los seres alados que
existían en medio del fuego de la materia antes de la solidificación del
planeta. Pero ahora, sus actuales cuerpos etéricos y astrales han
descendido hacia los límites de la densificación en la materia primordial,
hasta fundirse con el propio corazón del planeta. Ellos
no evolucionaron en las sucesivas razas humanas, como lo hicieron las distintas
razas exteriores e interiores del planeta, sino que permanecieron enclaustrados
en su mundo ardiente, como fósiles vivientes, vestigios de un remoto pasado...
La Metrópolis Ciclópea se abre ante los intrépidos
Pundits, iluminada desde abajo por un océano incandescente y rojo como el
metal en la fragua, presentándose ahora ante ellos únicamente como un lejano
reflejo del fuego central retraído en sí mismo durante esta particular época
del año.
Mientras tanto, a la vez que avanzan, los yoghis
observan y estudian a este extraño pueblo y disciernen la utilidad
que sus trabajos tienen para el conjunto del planeta.
La actividad de estos seres
sobre la capa magmática se materializa en consecuencias concretas, protegiendo
de cataclismos y terremotos a ambos hemisferios mediante la conducción y
excavación de volcanes y otros trabajos que ayudan grandemente al equilibrio de
las presiones internas del planeta, constantemente influenciadas por las
turbulentas tormentas magnéticas de la esfera magmática.
Los Âgartthianos,
los más elevados exponentes de la Cuarta Raza Raíz -que evolucionó en una
Quinta Raza diferente de la existente en el mundo exterior-, poseen
antepasados comunes pero remotos de los habitantes del reino de Amenti,
así como también lo son de los habitantes del mundo exterior.
Cuando los Dhyân
Chohans dieron
por concluida la solidificación del planeta, fue cuando evolucionaron los componentes de
la Segunda Raza Raíz, los seres alados
que existían en el fuego primordial, antecesores de los actuales habitantes del
reino de Amenti y de las demás razas humanas. Esos seres
alados desaparecieron de forma global mientras que los Dhyân Chohans
vaciaban posteriormente el núcleo planetario, creando así la superficie interior del planeta.
Pero algunos remanentes quedaron encerrados en el
cinturón magmático como antiguas reliquias de la raza primordial que había dominado la
convulsiva era anterior. Mientras que la Tercera Raza Raíz, era introducida por los Dhyân
Chohans, los
Grandes Señores de la Meditación Mística,
en el exterior del planeta después del vaciado de su núcleo. El
interior planetario durante aquellas remotas épocas era aún un santuario en
perpetua remodelación, no apto para la vida humana, tal como se la conoce hoy.
Cuando la Tercera Raza se extinguió, desapareciendo
de la faz exterior del mundo en los albores del nacimiento de la Cuarta Raza,
fue cuando aconteció el inicio de la historia humana en el interior del
planeta. La extinción de la Tercera Raza Raíz no ocurrió antes de que unos
pocos supervivientes, elegidos y guiados por los espíritus superiores, recalasen
en la Paradesa. Estos remanentes de la Tercera Raza Raíz
formaron el germen del primer estado social planetario que fue establecido en la superficie interior del
planeta coincidiendo con el nacimiento de la Cuarta Raza. Posteriormente, la mayoría de los componentes de la de la Cuarta Raza
fueron conducidos hacia la superficie exterior, quedando el interior consagrado
como santuario y centro de elevación, siendo habitado entonces, tan sólo por una pequeña
dotación de seres seleccionados de entre aquellos que formarían los primeros exponentes de la Cuarta
Raza, llamados: La Jerarquía de los Elegidos,
los cuales, posteriormente se llamarían los Hijos de la Voluntad y del Yoga o
los Hijos de la Niebla de Fuego. Aquellos seres constituyeron un primer
núcleo básico donde ancoró la actual raza intraterrena, y estuvieron
dedicados fundamentalmente a la custodia de las humanidades del mundo exterior y
las del magma central.
La función principal de la anual exploración
científica del mundo magmático, no es, sin embargo, únicamente de tipo
intelectual o iniciático, sino que está fundamentada en el sagrado compromiso
de custodiar y ayudar a la elevación espiritual de los seres del Amenti.
Para ello, el Maharshi
comunica desde su mundo al mundo infernal las tres certidumbres fundamentales
siguientes: La existencia de Dios, de su Verbo y de sus Potencias, siendo estos
principios los que redundan en la inmortalidad del alma. Y es sobre ésta triple
certeza, sobre la que ha sido fundado el primer estado social planetario.
El Príncipe de los Magos realiza el sagrado rito de
confirmación en el altar que existe delante de la puerta superior de la
Metrópolis Ciclópea. El Maharshi, al realizar el rito sagrado, comunica a los
jefes del pueblo infernal la certeza de esta verdad eterna y del convencimiento
de que todas las veces que se ha intentado o que se intente retirar esta triple
base sagrada, se ha retornado o se retornará al espíritu de la Bestia…
eeeeeee
Atmah
no conocía físicamente ese mundo, pero un extraño acontecimiento durante la
prueba de la pequeña muerte le hizo vislumbrar vagamente el esplendor del
imperio de Plutón, el mítico Pâtâla:
Durante la primera parte de la prueba del
Anâgâmin,
cuando observaba a los “seres gusano” u hombres sin alma del mundo exterior
en el fondo del gran Abismo del Ahankâra, una luz primordial se abrió ante él en lo
más profundo del lóbrego abismo de negrura.
Atmah
se dirigió hacia la luz que brillaba con un fulgor rojizo al final del corredor
del negro Abismo de la Ignorancia...
Lo que descubrió al llegar al
origen de la luz, justo al final del abismo, lo dejó aterrado y fascinado al
mismo tiempo. El inmenso río, mezcla de lodo y “seres gusano” se
precipitaba en medio de un inmenso mar de magma hirviente a través de un portal
ígneo parecido a la boca de un inmenso volcán en plena erupción. Los “seres
gusano” y el lodo caían revueltos en una masa indiferenciada al crisol hirviente en un acto que más
parecía de misericordia que de castigo. Pues, al final de su recorrido por el negro discurrir del
río de la muerte, los devoradores de los fuegos podrían disolver al fin los
fuegos astrales de los cuerpos etéricos de los desdichados seres, permitiendo
finalmente, la liberación de las
energías espirituales retenidas en las almas atrapadas dentro de unos cuerpos
ya sin la menor posibilidad de evolución. Todo esto permitiría con el
discurrir del tiempo cósmico, reiniciar el largo camino ascendente de dichos
seres en otro ciclo posterior.
La ígnea puerta que
El
Al girarse las Cuatro Diosas, otra faz muy distinta
se mostró en la parte posterior de sus figuras, aparecieron entonces ante él,
los cuatro Animales Místicos, envueltos cada uno de ellos en una rueda de
fuego. Eran las cuatro figuras de los Chaitans Zodiacales, los señores de los Devas
y grandes reyes de los Dhyân
Chohans,
rectores de la Luz y las Tinieblas, al igual que los Grandes Señores Lipikas
que
manejan la balanza del Karma.
En esta ocasión, la forma
externa que adoptaron los Animales Místicos, fue la de cuatro soberbios Leones
de Fuego de regio porte.
De la parte frontal del esbelto
arco de negro metal se desprendieron cuatro hierogramas de fuego que fueron a
reunirse con cada uno de los cuatro Animales Místicos. Alternativamente, los
Leones de Fuego levantaron su garra derecha, para recibir cada uno de ellos el correspondiente
escudo con el sello vivo de los Hierogramas de
Fuego, que se depositaron en la tierra volcánica con un estruendo ensordecedor,
debajo de cada una de las poderosas garras, como si éstos representasen el escudo
emblemático de cada Potencia.
La configuración de los cuatro leones con su emblema
ardiente impresionó vivamente a Atmah,
el cual no dejó de inferir que en esos hierogramas se encontraba la clave de la
apertura de la puerta. El único problema era que no conocía el significado de
dichos hierogramas en la posición que ocupaban bajo los leones.
El primer hierograma representaba a la letra Lâ,
La Potencia que recompensa o castiga, cuyo número asociado es el 30 que
ejemplifica el 3, su forma, el triángulo equilátero, su nota Fa y su escudo el
Verde.
El segundo hierograma representaba a la letra Ma, El desarrollo en el Tiempo y en el Espacio, su número es el 40 que
ejemplifica el 4, su forma el cuadrado, su nota Re y su escudo también el
Verde.
El tercer hierograma representaba a la letra He,
el soplo vital del Ser Supremo, su número es el 5, su forma el pentágono, su
nota Re y su escudo el Naranja.
El cuarto hierograma representaba a la letra Va,
El aliento de la Potencia animadora, su número es el 6, su forma el hexágono,
su nota Fa y su escudo el Rojo.
Aquello era un galimatías inescrutable para él,
intentó conjugar las letras para formar palabras, pero no salía nada claro. Se
relajó y procedió a analizar los símbolos, los números y los sonidos según
las estructuras armónicas del lenguaje milenario, aunque sólo después de una
meditación prolongada una ordenación de sílabas surgió en su mente:
vA-La-He-Ma,
ALaHIM. ¡Claro!
¿Cómo no se le había ocurrido antes? Los ALaHIM son los encargados de dar a toda vida mental sus
alimentos y sus elementos. Los ALaHIM, son los responsables de la Puerta Horizontal y de
la Puerta Occidental del mundo astral…
¡Bien, esto
empieza a funcionar! –Dijo para sí.
Pero, aunque pronunció el Mantra
de apertura, utilizando el nombre recién hallado y pronunciándolo según el
solfeo de los himnos teúrgicos del luminoso arte de la magia, no obtuvo respuesta alguna. Atmah
intentó en ese momento trabajar con los números y las formas de dichas letras
y pensó en el primer símbolo; el triángulo equilátero y a continuación en
su asociado segundo, el cuadrado.
Las figuras de un triángulo inscrito en un cuadrado
se asentaron en su mente, Atmah se relajó y tanteó varios enfoques, para terminar
abandonando toda racionalización del problema, acalló su mente, el Manas,
para percibir después de una prolongada meditación, como el triángulo se
hacía transparente, a la vez que una especie de líquido acuoso se vislumbraba
a través de él. El triángulo equilátero, parecía dividir el espacio en dos
dimensiones contrapuestas, sin embargo, Atmah podía percibir que esas dimensiones, realmente se
ínter-penetraban entre sí.
El líquido fluía en la parte
posterior del triángulo como si éste lo retuviera en una dimensión distinta
de la del observador, pero a la vez sincronizada con él. La impresión que
recibía, era como si el triángulo transparente no existiera físicamente, y el
líquido siguiera su fluir desconcertante sin derramarse hacia el espectador. En
un momento determinado el agua de sabiduría se desbordó
mediante la canalización del triángulo, amenazando con inundarlo todo a
través del mundo del cuadrado circunscrito a él…
Atmah comenzó
a recitar los conocimientos aprendidos durante su formación:
<<
La Jerarquía de los Poderes Creadores, está dividida en Siete, que son Cuatro
más Tres, dentro de las Doce grandes órdenes, que recuerdan los Doce signos
del zodíaco. Las principales jerarquías se hallan incluidas, pues, en el gran
Cuaternario o los Cuatro cuerpos y las Tres facultades; el grupo más elevado
háyase compuesto por las Llamas Divinas
o los Leones de Fuego, los Cuatro Soplos Ígneos informes e iguales a la Tríada
Superior. >>
A continuación Atmah
meditó acerca del pentágono; el Quinto Orden es muy misterioso, pues se halla
relacionado con el pentágono microcósmico, cuyo símbolo es el pentagrama, o
la estrella de cinco puntas que representa los miembros de un ser humano. Pero
en realidad se trata del Dragón de Sabiduría, el Manas
o mente humana. El Principio Inteligente que es llamado en la Paradesa
el Quinto Principio.
Pero a estas alturas, Atmah
sospechaba que era precisamente ese Quinto Principio, el que constituía el
Cuerpo Astral de Deseos del Ahankâra. Y recordó precisamente unos hierogramas que hasta
entonces habían permanecido inexpugnables para él:
<<
No es la materia constituida molecularmente, y menos todavía el cuerpo humano
el más grosero de todos nuestros Principios, sino que en realidad el Principio
Medio, la Mente es el verdadero centro animal, el factor e instrumento
irresponsable, por medio del cual la Bestia actúa en nosotros. >>
El último símbolo, el
hexágono, la estrella de seis puntas, representa a las seis fuerzas o poderes
de la Naturaleza, a los seis planos principios, que son sintetizados por el
Séptimo, representado por el punto central en la estrella. La estrella de seis
puntas como conjunción de dos triángulos invertidos y centrados en el Séptimo
punto, es el símbolo del Logos que es a su vez la emanación primera que
transmite la eterna Ley: ‘Uno con el Padre’.
Los hierogramas sagrados así lo atestiguan:
<<
El Universo es elaborado y dirigido, de dentro afuera: Tal como es Arriba es
abajo. Así en los cielos como en la tierra. Y el hombre, el exiguo microcosmos,
es en realidad la copia en miniatura del macrocosmos, él es el testimonio
viviente de esta Ley universal y de su manera de obrar. Todo el Cosmos está
dirigido, vigilado y animado por series casi interminables de Jerarquías de
seres autoconscientes, teniendo cada uno de ellos una misión que cumplir,
siendo ellos tan solo, sencillos mensajeros de las Leyes Kármicas o Cósmicas
>>.
Atmah
sintió en esos momentos que su alma se elevaba por unos senderos nunca antes
explorados, su visión de la realidad, del mundo en el que su mente lo confinaba
se desplazó literalmente hacia arriba dándole una perspectiva infinitamente
más amplia de la que anteriormente tuviera. Él podía ahora abstraerse de las
limitaciones impuestas por su mente humana y liberar el
Cuerpo Astral de Deseos de sus fronteras formales. En esos momentos
tomó conciencia de la relación del Quinto
Principio o Manas, con el Quinto Elemento o Akasha.
Pues la Mente
moldea al AEter, como el alfarero a la arcilla.
<<
Cualquier cosa que abandone el estado Laya,
se convierte en vida activa; ella es arrastrada al torbellino del Movimiento. El
Espíritu y la Materia son los dos Estados del Uno, que no es ni Espíritu ni
Materia; siendo ambos la Vida Absoluta latente. El Espíritu es la primera
diferenciación del Espacio, y la Materia la primera diferenciación del
Espíritu. Lo que no es ni Espíritu ni Materia es el ELLO. La Causa sin Causa
del Espíritu y de la Materia, que es a su vez la Vida Una, AQUELLO, la Causa
del Cosmos >>



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