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La estructura sutil del cuerpo evolutivo humano está actualmente evolucionando de acuerdo con las leyes superiores, desde el circuito energético de la Quinta Raza al de la Sexta Raza, es decir, desde el circuito de núcleos energéticos regidos por la ley del karma y del libre albedrío conocido como los Chakras, al de los centros del consciente derecho regidos por las leyes de la evolución superior. Éste es pues el “Árbol del Conocimiento” de las ancestrales tradiciones humanas.
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

LA CRUZ DE HIELO

LOS HIJOS DE
Na-Noah
(IV)

5.
LOS HIJOS DE
Na-Noah
(
PARTE IV )
El Árbol
del Conocimiento, o Árbol del Edén, ha sido confundido con el Árbol de la
Vida, manifestación energética y fenoménica de los más altos arquetipos
celestes, que fue traído a este planeta como fuente de regeneración y de vida.
El Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, es el propio árbol microcósmico
humano, que ha sido conocido entre los humanos como el Árbol Sephirótico Kabalístico,
el Zampun tibetano, el Árbol Santo (hecho por Ahura Mazda), el Ask Norse, el árbol
Ash de Hesíodoto, el Tzité del Popol Vuh, el Ashvattha indio y hasta el Gogard
helénico. Estos árboles no son sino representaciones del “Árbol” que
personifica al hombre mismo y a la “Serpiente” que mora
en su interior.
Este Árbol del
Conocimiento, como es conocido por los iniciados de todas las épocas,
no es solamente el Manas, o Mente Consciente, sino
el conjunto de los núcleos energéticos que constituyen la estructura sutil de
los humanos de superficie.
La
estructura sutil del cuerpo evolutivo humano está actualmente evolucionando de
acuerdo con las leyes superiores, desde el circuito energético de la Quinta
Raza al de la Sexta Raza, es decir, desde el circuito de núcleos energéticos
regidos por la ley del karma y del libre albedrío conocido como los Chakras,
al de los centros del consciente derecho regidos por las leyes de la
evolución superior. Éste es pues el “Árbol del Conocimiento” de las
ancestrales tradiciones humanas.
El circuito de los Chakras
consta de siete centros de fuerza y consciencia activos en el cuerpo etérico
del hombre de superficie, mas los dos supraluminares sobre su cabeza. Los siete
centros etéricos están compuestos por tres centros superiores unidos a la Mónada, un centro de interrelación
en el plexo solar por medio del cual se expresa
el alma, y tres centros inferiores, conectados con los patrones
vibratorios más groseros que controlan el cuerpo etérico-físico.
Según
la tradición Tibetana, China e Hindú, éstos centros eran denominados Lotos o
Ruedas, y se situaban agrupados, seis directamente sobre la espina dorsal y el séptimo
directamente en el centro del cerebro. Sus nombres y funciones han quedado
reflejados en la tradición milenaria Tibetana como sigue: El Sahasrara Chakra o
Loto de los mil Pétalos está situado en la coronilla de la cabeza y es el
centro más cercano a lo espiritual. El Ajna Chakra es el segundo centro
cerebral que controla la comunicación con el alma. El tercero el Visudha, que
controla la función de la palabra. El cuarto, o centro solar es el Anahata
Chakra, que controla el tacto. El quinto, es el Manipura Chakra o chakra del
Principio del Fuego. El sexto es el chakra del Principio del Agua o
Swadhishthana Chakra. Y por último el Mûladhâra Chakra, el chakra del
Principio de la Tierra, que es el que rige a la fuerza gobernante o vital de los
seres humanos, la “Kundalini”.
En
otras culturas, los nombres de estos centros han variado, siendo sus funciones más
o menos ocultas o veladas a los profanos.
Según
la Kabalah, el Universo y el Hombre están compuestos por un cuerpo, un alma y
un espíritu, y en esos tres niveles se definen los diez Centros, Números o
Nombres, llamados Sefirot, y que expresan los atributos de Dios.
Los
Sefirot cabalísticos están circunscritos a los tres grupos mayores
que se están refundiendo actualmente en los centros del consciente
derecho, y que constituyen los niveles del Espíritu,
el Alma y el Cuerpo de Dios.
Los
Sefirot son diez, pero están distribuidos en siete niveles. Cuatro niveles no
tienen polaridad en sus núcleos,
siendo éstos andróginos y situándose estos núcleos en la Ogdoaga u Ocho Místico
que representa el movimiento eterno y la espiral de los ciclos, así como la respiración
regular del cosmos simbolizada en el Caduceo de Mercurio. Los otros tres niveles
son polares, sexuales y binarios:
<<
El Binario desordena y altera a la forma perfecta, el “Hombre Perfecto” es
un Cuaternario y un Ternario, que constituye el Septenario o Hebdómada; el Número
Cinco compuesto por un Binario y un Ternario define al “Hombre Imperfecto”.
>>
Los
Sefirot cabalísticos, circunscritos a los tres grupos mayores, definen a la Hebdómada Sagrada de los Siete Chakras tibetanos con las
siguientes designaciones: Kether o Corona, que corresponde con el ‘Loto de los
mil Pétalos’ tibetano o primer Chakra, y constituye el núcleo andrógino
energético más elevado. El segundo Chakra esta compuesto por dos Sefirot,
Chokmah o Sabiduría que posee un signo positivo y Binah o Inteligencia, de
signo negativo; el tercer Chakra esta representado por otro binario, Chesed o
Misericordia y Geburah o Rigor, éste último de signo negativo; el cuarto
Chakra esta compuesto por un único Sefirot, Tipheret o Belleza; el quinto
Chakra lo componen Netzah o Victoria y Hod u Honor; el sexto Chakra es Yesod o
Fundamento y el último es Malkuth o Reino, que representa al ‘Mûladhâra
Chakra‘ tibetano.
Adam Kadmón,
al igual que algunos seres humanos, pronto descubrió que el Mûladhâra Chakra
es aquél en el que reside la Kundalini, la fuerza gobernante o vital de los
seres humanos. Normalmente, a la fuerza Kundalini la contrarrestan y equilibran
tres flujos energéticos o Nadis, que corren a lo largo de la columna vertebral,
denominados el Sushumnâ, el Îdâ y el Pingalâ, situándose uno en el conducto central
de la columna espinal, el segundo, al lado izquierdo y el tercero en el lado
derecho de la médula espinal.
El
primer Nadis, el Sushumnâ, es la base de los otros dos, estos otros, el
Îdâ y el Pingalâ que controlan el funcionamiento pasivo de la fuerza
Kundalini en los seres humanos normales.
Pero
si esa fuerza es liberada artificialmente por el ser humano mediante la científica
y regulada supresión del aliento, permitiendo de ésta forma que la fuerza
Kundalini sea elevada mediante el Sushumnâ desde los centros energéticos
inferiores hasta el plexo solar y los centros superiores, el ser humano se
convierte en un ser superior a los de su especie, hallándose capacitado para
usar el 100% de su potencialidad intelectual y cognitiva, en lugar del 8%
utilizado como media por la raza humana actual de superficie.
Además,
al liberarse la Kundalini, por medios ilícitos, dicha elevación posibilita el
control de los cuerpos superiores desde los inferiores, forzando al Alma a
obedecer los impulsos del Cuerpo Material con lo que se cierra el círculo de
muerte y renacimiento, permitiendo un nivel de control fenoménico similar al de
un ser de quinto nivel, pero con la polaridad invertida, como proclaman los
oscuros Nigromantes:
<<
Que sea arriba como es abajo… >>
Esta fuerza
incontenible, es realmente la Serpiente del Edén que no solamente tentó a Adán-Eva
o Jah-Heva, sino que convirtió a Adam-Kadmón en el Java-Aleim, jefe de los
Hierofantes iniciados en la ciencia del bien y el mal de este mundo.
Pero,
Kundalini no puede ser despertada impunemente por seres no preparados
espiritualmente y sin estar lo suficientemente evolucionados, pues la locura y una
inmensa carga kármica esperan a los que tratan de saltarse la Ley Cósmica de
los ciclos y las iniciaciones.
En realidad,
Kundalini, es la energía Ono-Zone,
la energía vital radiada desde la Fuente Única y transmitida por los
grandes espejos del cosmos. Ésta energía fluye a través de los Logos Planetarios mayores
y los Logoi Planetarios
menores hacia todos los seres del cosmos manifestado.
En este
sistema, el Logoi
Solar distribuye la energía Ono-Zone,
hacia los Logoi
Planetarios menores y éstos, desde
su sol interior hacia todos los seres vivos de su órbita. Así la energía
vital de los seres terrestres de superficie incide en el centro de fuerza
inferior o Mûladhâra Chakra realizando el camino ascendente hacia los centros
superiores, por la energía originada en el sol central planetario.
Kundalini, la
fuerza gobernante o vital de los seres humanos puede ser representada como un
rayo energético o “Serpiente” que se introduce en el “Árbol” humano de
la columna vertebral desde sus núcleos inferiores, para alcanzar a las
“Manzanas de Oro” o centros superiores de consciencia. Esta representación
creó los mitos de las corrientes telúricas procedentes del centro de la tierra
entre los llamados “iniciados” de
la raza de superficie, y la frenética búsqueda de lugares “especiales”
para realizar en ellos los ritos de potenciación artificial de la energía
Kundalini.
En realidad
esos lugares existen, pero no como un sitio donde usufructuar la energía en
beneficio propio, sino como lugares sagrados de transmutación de las energías
negativas; en definitiva, como lugares de curación.
El Îdâ y el
Pingalâ son pues mecanismo de seguridad que restringen la elevación de la
energía vital a los centros superiores de conciencia con la única finalidad de
adecuar el flujo de energía vital al grado de control de la consciencia Monádica
sobre los cuerpos fenoménicos.
La Humanidad
intraterrena posee otro tipo de relación en su estructura energética debido a
que la energía Ono-Zone
incide en su caso, directamente sobre los centros superiores de consciencia en
conjunción con la energía Monádica. Ésta es una de las razones por las que
las razas intraterrenas son más evolucionadas que las de superficie en casi
todos los planetas de la Confederación.
Los seres
evolucionados del cosmos están permanentemente volcados hacia su interior en el
cual manan las fuentes de energía (la Monádica y la del Logos Planetario) en
lo que los iniciados humanos conocen como visión interior o esotérica del
mundo, mientras que la inmensa mayoría de la población de superficie permanece
en una visión exotérica del mundo que les rodea, la cual, no es más que la
permanencia de su atención sobre el mundo exterior, sin percibir la realidad de
su vida interior. Los humanos de superficie pierden así sus referencias y su
rumbo, mirando hacia las estrellas y los otros planetas, cuando en realidad, el
camino hacia ellos se haya en el centro de su ser, en el de su planeta y en el
de su sistema solar, los cuales son los auténticos espejos de energía y
centros de vida.
El simbolismo
de las “serpientes” fue el adoptado por los llamados “iniciados ofitas”
humanos, que ansiaban la elevación desde la materia al espíritu mediante el
desbloqueo de las ataduras del Kundalini, realizando ésta por medio de la única
y simple voluntad del ego humano, y a despecho del nivel evolutivo de los
cuerpos superiores Monádicos.
Esta
clave oculta, y la práctica que trajo consigo, representó la única vía de
escape de los Asuras encerrados en la materia que no querían enfrentarse a los
rigores de la evolución espiritual a la que se unieron la mayoría de los seres
más “desarrollados” de la humanidad base que habían sufrido anteriormente
la involución desde la luz del conocimiento hacia las cadenas materiales.
Dos
grandes corrientes marcarían la cultura de los dos grandes grupos étnicos que
reinarían en la superficie de la tierra durante los milenios sucesivos hasta
nuestros días: Los Nigromantes o Magos Negros y los Espiritualistas o
Contemplativos. Ésta fue también la clave de las dos parejas de Adanes y Evas,
elevadores genéticos de la Quinta Raza.
El
nombre genérico Adam-Adami tuvo su origen en el pueblo Ario y fue
posteriormente adoptado por los Semitas y los Turanios. El prefijo Ad significa
en sánscrito: ‘El Primero’, así Adán es Âdi-Nâth: ‘El Primer Señor’.
Las lenguas Semíticas y Turanias
son también descendientes del Sánscrito o lengua Aria. Anteriormente, los
semitas (árabes y hebreos) habían compartido un tronco común en la época pre-adámica
en Caldea (Mesopotamia) cuando la dispersión de las razas, en la época de
Nimrod que dividió a los Nabateos, es cuando se produjo la égida enviando a los futuros Arios hacia la India
y a los Semitas hacia África y Arabia aunque parte de éstos últimos se
asentaron en Afganistán y las riberas del Oxus. Mientras tanto, los Turanios de
“color amarillo” (chinos y mongoles) se dispersaron por Asia Central y
Oriental.
En
los escritos Arábigo-Iranios se expresan éstos acontecimientos en los
siguientes términos:
<<
Después del Diluvio, las naciones se establecieron en varios países; entre
ellas estaban los Nabateos, que fundaron la ciudad de Babilonia, los cuales eran
aquellos descendientes de Cam, que se establecieron en la misma provincia, bajo
la jefatura de Nimrod el hijo de Cus, hijo de Cam, y nieto de Noé; el cual
recibió el gobierno de Babilonia como delegado de Dzahhak llamado Biourasp…
>>
Babilonia
fue en realidad el crisol de los dos grupos étnicos, que se fusionaron en una
rica mezcla de razas pre-adámicas y post-adámicas como los Caldeos, Egipcios,
Asirios, Cananeos y los Nabateos. Éstos últimos fueron los descendientes de
los antiguos Sabeos adoradores de las estrellas. Todos esos grupos formaron un
compendio muy importante de las doctrinas, artes y ciencias humanas del momento.
En términos
generales, los Arios actuales son descendientes del Adán Amarillo y
los Semitas son los descendientes del Adán Rojo. Pero las razas y
culturas que puedan entrar actualmente en uno u otro grupo étnico presentan una
mezcla tan fuerte de las influencias contrapuestas de los dos Adanes que es muy
difícil identificarlos en términos absolutos. La diferencia de la Cosmogonía
Semítica y la Aria, en su origen, es que la primera materializando, humaniza
los misterios de la Naturaleza, y la segunda, espiritualiza la materia y
supedita siempre su fisiología a lo metafísico.
Los Nabateos
por ejemplo, constituyeron una casta elitista de los Sabeos o “adoradores de
las estrellas”, pero ellos dedicaron sus esfuerzos místicos en el culto a
Nebo, el Dios de la Sabiduría Secreta. Quien no es más que el
representante del planeta Mercurio, conocido como el Dios de la Sabiduría
o Hermes, al que los hebreos llamaban Kokab y los griegos Nabo.
Las fuerzas
involutivas de la Fraternidad Oscura pronto utilizaron y se aliaron con éstas y
otras sectas en su búsqueda de la liberación propia de las cadenas materiales
mediante la elevación artificial del Kundalini…
Los Ofitas
adoraban a la “serpiente”, porque ella enseñó a Adán que si comía del
fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, elevaría inmensamente su
Ser, por el conocimiento y la sabiduría que así adquiriría. La
“serpiente” o Kundalini es al mismo tiempo el Bien y el Mal, dependiendo del
tipo del proceso de elevación que se realice mediante su energía.
Los
Nâgas (serpientes sagradas de los adeptos) eran entonces Nâgas humanas que
devoraban los conocimientos y sabiduría, las cuales, cuando se recorría el
sendero oscuro, finalmente producían una dislocación astral si la elevación
del Kundalini no acompañaba a la evolución Monádica.
Muchos
“sabios” y “magos” de la antigüedad fueron llamados Dragones y
Serpientes, simplemente porque se producía, de hecho, una dislocación de sus
cuerpos astrales, adquiriendo éstos las formas monstruosas de estos animales
fabulosos, debido a que el subconsciente del mago humano que había sido
sobre-desarrollado e inflado de forma contranatural, se separaba del consciente
pervertido que lo había llevado
hasta tal extremo.
Las Serpientes
en los días de la sabiduría arcaica, egipcia y caldea eran representadas
encaramadas al Árbol de la Vida y eran adornadas con siete cabezas, que
representaban cada uno de los Chakras que debían de ser controlados en proceso
de la elevación del Kundalini…
<<
La Serpiente de los Siete Truenos que pronuncia las siete sílabas, pero que
sella aquellas cosas que los Siete Truenos pronuncian. >>
Según el
Apocalipsis de San Juan, la Serpiente de los Siete Truenos es en realidad el
“Dios de Siete Letras” o Jehovah.
Según la
Kabalah, Jehovah asume la forma de la serpiente tentadora en el Jardín
del Edén.
Jehovah (YHVH)
es el Jah-Hovak, el Jod masculino y el Havat o Eva, el Jehovah de doble sexo de
la Kabalah. Pero es también Amón Ra, Amón (oculto), la antigua deidad
egipcia, y su mujer Mut (la madre).
Aunque,
curiosamente, la Kabalah muestra también a los israelitas ensalzando a Ad-onai
(A Do Na Y) con los atributos del “El Señor” y a los Elohim como sus
representantes, los mismos términos que también quedan reflejados en la
Biblia. Sin embargo, mientras que los Cabalistas sólo conocían al Ain-Suph y a
los dioses de los misterios, los Levitas no tenían dios alguno en su Adytum y
lo añoraban, al estilo de otros pueblos vecinos.
La gran lucha
entre la Magia Blanca y la Negra, llegó también al pueblo Hebreo y se reflejó
entre los adeptos del Sendero de la Derecha, los Profetas, y los de la
Izquierda, los Levitas.
El gran cisma
que tuvo lugar entre los hijos del pueblo Hebreo y sus dos irreconciliables
escuelas de magia, quedó reflejado en la alegoría de los hijos de Jacob. El
moribundo Jacob describe así a sus hijos:
<<
Dan, será una serpiente en el camino, una culebra en el sendero, que morderá
las patas de los caballos de modo que el jinete caiga hacia atrás. >>
Lo que le
relaciona con la enseñanza de la magia negra según la significación arcana.
Del mismo modo
la historia del pueblo hebreo está repleta de profetas que condenan las
“abominaciones” del pueblo de Israel. Esas advertencias estaban dirigidas en
su mayoría contra las “Serpientes de Fuego”, como se denominaba a los
Levitas de la casta sacerdotal que abandonaron la buena ley. Por este motivo los
profetas del pueblo de Israel fueron perseguidos y exterminados por los Levitas
y los Reyes de Israel bajo muy diferentes pretextos.
Existe
realmente un punto de inflexión significativo en la Cosmogonía de Israel,
cuando el Rey David baila desnudo ante el Arca de la Alianza, realizando el
baile de las Hijas de Silo, últimas reminiscencias del culto Sabeo. En ese
momento, Jehovah se institucionaliza como “El Dios del Pueblo de Israel” y
gran parte de las Escrituras Sagradas son reescritas en ese período. Así los
textos Elohíticos se rescribieron después de Moisés a los textos
Jehovíticos
actuales.
Así, los
Israelitas Bíblicos de hoy en día, en realidad siguen las correcciones de
David y no las directrices originales de Moisés.
El “Nombre
del Misterio” Jehovah (YHVH, Yod-Hé-Vau-Hé), nunca fue puesto en uso como
Dios absoluto en Israel antes del tiempo del Rey David. Éste nombre fue traído
del antiguo dios Yâho, la deidad oscura y misteriosa de los Tirios y Filisteos
a los que David frecuentó. David realizó también grandes modificaciones en
las tradiciones israelitas, haciendo a Zadok alto sacerdote de Israel, del que
proceden los Zadoquistas o Saduceos. Asentó su corte primeramente en Hebrón
o ciudad de Kabeir, donde se celebraban los “Ritos del Misterio”.
Ni David ni
Salomón reconocieron a Moisés ni a su ley, sino que simplemente aspiraron a crearle a su
Dios de Misterio, Jehovah, un templo como tenían los otros dioses paganos de su
entorno en sus respectivos países.
Los hebreos,
excepto algunos grupos minoritarios como los samaritanos, siguieron ciegamente
las interpretaciones de David sobre la llamada “Ley de Moisés”, que
contiene en el libro canónigo hebreo, elementos ajenos al mismo como son los
‘Salmos de David’, las ‘Profecías’, el ‘Talmud’ y la ‘Mishna’.
El
Jehovah de David es en realidad Ildabaoth, conocido también como Horus por los egipcios, y Abraxas
Iao o Mithras por los persas. Es aquél, al que sus iniciados se dirigen en los
siguientes términos:
<<
Tú, que presides sobre los misterios del Padre y del Hijo, que brillas durante
la noche, teniendo el segundo rango, el primer Señor de la Muerte… >>
Pero “el árbol
se conoce por sus frutos”, y la naturaleza de un Dios por sus acciones. Por
eso, encontramos al Dios del “Pueblo Elegido” haciendo uso del engaño y la
mentira o celoso de sus propios fieles; tal y como lo pintan los cabalistas,
Jehovah asume la forma de la serpiente tentadora en el Jardín del Edén, envía
a Satán para tentar a Job y endurece el corazón del Faraón contra Moisés.
Los
Gnósticos decían del Dios de Israel:
<<
Él es, el Ángel de la Materia que infundió vida consciente a Adam, que tenía
un espíritu orgulloso, ambicioso y oscuro, que había abusado de su poder
usurpando el lugar del Dios más elevado y cuyo planeta era Saturno… Y Dios
puso su cinturón sobre sus lomos (los anillos de Saturno), y el nombre del
cinturón es la Muerte >>.
Los hebreos, en su dogma sincretista, unieron las figuras de Adonai
y Jehovah como único ser supremo, y así Adonai, el regente Planetario
Solar, e Ildabaoth, el Ex-regente de Saturno,
se sentaron ambos en el mismo trono a la cabeza del Pueblo Elegido.
Pero el pueblo de Israel
no estaría después de todo tan equivocado… Recordemos que los conceptos del
bien y del mal quedan fundidos a un cierto nivel, y que toda entidad excelsa está
compuesta por múltiples facetas de sí mismo encarnadas por diferentes seres
fenoménicos que representar al único ser sublime, el cual se encuentra en el
centro Laya desde el que se proyecta el Regente Avatar mayor o
Logos mayor,
rigiendo los universos manifestados.
La
Kabalah distingue diez nombres divinos diferentes que representan al único
Dios: Ehieh, Iah, Jeovah, El, Eloha, Elohim Gibor, Tetragrammaton o Adonai
Saboath, Elohim Saboath, Shadai y por último Adonai.
En el Sepher
Bereshith, Jehovah (YHVH, Yod-Hé-Vau-Hé) es el Nombre Sagrado que no puede ser
pronunciada por los Israelitas y sólo el Gran Sacerdote lo pronuncia una vez al
año en medio de los gritos del pueblo profano. Éste nombre es considerado,
como el que confiere al mortal que logre descubrir su verdadera pronunciación,
la clave de todas las ciencias divinas y humanas.
Así es como
el nombre de Jehovah es nuevamente asociado en la Kabalah al Árbol del
Conocimiento del Bien y del Mal. Pero la Kabalah no es una ciencia únicamente
judía, sino que dicha ciencia fue importada por ellos en distintos momentos de
su evolución de diferentes pueblos. Esta ciencia vino en parte de los Caldeos,
a través de Daniel y Esdrás, y parte de los Egipcios a través de Moisés.
Pero en sí, ella constituyó el medio fundamental del cálculo Geomántico.
Así, los cabalistas Brahmanes utilizan los 24 signos Védicos, junto con
las 49 letras del Sánscrito Devanagario y las 19 vocales semivocales y
diptongos de la Masora de Krishna, el alfabeto Vatán o Adámico.
Por su parte, los Árabes y los Persas hacen cábala con sus Alfabetos
Lunares de 28 letras. Así como los Tibetanos, los Chinos y los Tártaros usan
su alfabeto mensual de 30 letras.
Pero
todos estos sistemas de cálculo no fueron más que meros remedos y fragmentos
desordenados del Irdin, el idioma cósmico utilizado en los universos
confederados para expresar la esencia creadora y los arquetipos evolutivos que
unifican consciencias y mundos. El cual fue introducido en la tierra durante
eones, por los guías de las distintas Razas Raíces.
Las
tradiciones antiguas, recogen, a pesar de sus limitaciones y lagunas, muchos
relatos referentes al Dios Oscuro que rige los destinos terrestres:
<<
Y en el séptimo día prodújose de la presencia de Dios un Ángel poderoso,
lleno de ira y devorador. Y Dios le dio el dominio de la esfera extrema. Entre
los Dioses no hay ninguno que se asemeje a aquél, en cuyas manos son
depositados los reinos, el poder y la gloria de los mundos. Los tronos e
imperios, las dinastías de reyes, la caída de las naciones, el nacimiento de
las iglesias, y los triunfos del tiempo…
Él es el
guardián de la puerta del Templo del Rey; mantiénese él en el pórtico de
Salomón como guardián de las llaves del Santuario… >>
MMMMMMMMM



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