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Los intentos actuales de ciertos seres involutivos de alterar los códigos genéticos actualmente vigentes en los reinos vegetal, animal y humano, constituye una de las agresiones más horrendas hacia las Leyes Cósmicas. Estas prácticas acarrearán reacciones Kármicas muy graves, asimilables a las que la raza Atlante produjo con sus monstruosos minotauros y centauros. Pero hay que entender que ambas actividades ilícitas no son sino el manejo de fuerzas oscuras que controlan parcialmente los mecanismos sutiles de la mutación genética.
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

LA CRUZ DE HIELO

LOS HIJOS DE
Na-Noah
(III)

5.
LOS HIJOS DE
Na-Noah
(
PARTE III )
Con
el despertar del hombre en los niveles intuitivos, el ego, que es actualmente el
elemento predominante, será más rápidamente absorbido por el Alma, y la energía
de la Mónada fluirá con mayor facilidad en los diversos núcleos de la
consciencia.
La
humanidad expresará un nuevo concepto de vida grupal, que la llevará a
relacionarse con otras humanidades del cosmos de una forma consciente y fluida.
Los
intentos actuales de ciertos seres involutivos de alterar los códigos genéticos
actualmente vigentes en los reinos vegetal, animal y humano, constituye una de
las agresiones más horrendas hacia las Leyes Cósmicas. Estas prácticas
acarrearán reacciones Kármicas muy graves, asimilables a las que la raza
Atlante produjo con sus monstruosos minotauros y centauros. Pero hay que
entender que ambas actividades ilícitas no son sino el manejo de fuerzas
oscuras que controlan parcialmente los mecanismos sutiles de la mutación genética.
La
implantación de los nuevos códigos genéticos por parte de las Jerarquías Cósmicas,
implica que los patrones genéticos se introducen gradualmente desde los planos
internos y son reflejados en los planos externos únicamente cuando los tiempos
de desarrollo de los Arquetipos primarios son concluidos. La ciencia común
desconoce aún este hecho y sólo es capaz de producir monstruos clónicos en
porcentajes aún ridículos, lo que no deja de convertirlos en peligrosos
laboratorios-matadero al mando de
seres dementes y sin alma.
Por
otro lado, estos laboratorios-matadero de la “ciencia” convencional
solamente son la cortina de humo de lo que las fuerzas involutivas de la
Hermandad de las Tinieblas realizan en realidad en los planos físico-astrales,
en sus laboratorios biogenéticos, aplicando los conocimientos perversos de la
Magia Negra y detentando en la sombra su poder tenebroso sobre la humanidad de
superficie.
Para
entender realmente quién forman las huestes de dicha Hermandad de las Tinieblas
en la actual transición planetaria, hay que volver de nuevo al Ramayana y a las
luchas que el Héroe realiza contra los diablos Raksasas…
<<
Antaño, en el tiempo de la guerra entre los dioses y los demonios, solicitado
tu invencible esposo por el rey de los Inmortales, afrontó aquellos combates.
Descendió a la playa meridional en la comarca llamada Dandaka, donde el dios
que lleva en su estandarte la imagen del pez Timi, posee una ciudad llamada
Vedjayanta. Allí, un gran Asura, no vencido por los ejércitos celestes,
llamado Sambara, poderoso en la magia, libró una batalla con Sakra. El rey fue
herido por una flecha en aquella terrible jornada...
(Las luchas así comenzadas, se prolongaron durante varias generaciones,
hasta la venida de Rama, quién se vio envuelto en combates similares… )
En aquel
momento, deseosos de presenciar el gran combate, acudieron los Risis, y los
Sidas y los Sioses, los principales Gandarvas, y los célebres coros de Apsaras.
En cuanto
el demonio de fogosa audacia, Kara, llegó cerca de la choza santa, Rama y su
hermano vieron unas siniestras figuras, y el mayor de los Ragüidas, dijo:
-
Tenemos en nuestra mano la victoria y el enemigo la
derrota, pues mi semblante está sereno. ¡Mira como resplandece!
Y mirando
el Kakútstida a todos lados, vio a los batallones de Raksasas que venían a
combatirle. Empuñó el arco, preparó las flechas, y aprestóse a combatir.
El
aspecto del terrible hijo de Ragú produjo estupor a los Raksasas, que se
detuvieron un poco alterados, y quedaron inmóviles como una montaña. Kara,
poseído de impetuosa bravura, se lanzó con su carro contra el valeroso vástago
de Kakutsta, lo mismo que Rau hendió el astro que produce la luz. Al ver el ejército
raksasa que Kara entraba en combate aguijoneado por el furor, se lanzó tras él
en compacta falange, produciendo el ruido del trueno, propio de las borrascas y
el choque de los grandes ejércitos.
Y,
encolerizados, los grandes demonios noctívagos arrojaron sobre Rama una lluvia
de proyectiles, que él recibió impasible, lo mismo que el océano recibe el
tributo de las flechas. Y ya comenzado el combate, envió multitud de dardos de
oro, indomables e irresistibles, semejantes al lazo de la muerte. Las cabezas
del enemigo partidas por los dardos, en forma de garfio, caían por tierra a
millares, agitando convulsamente labios y boca. Entonces el resto del enemigo se
refugió junto al monarca y su hermano Dusana, rodeándole como un rebaño de
elefantes. Kara, al ver a sus batallones diezmados por las flechas de Rama, dijo
al general de sus tropas, guerrero de espantoso vigor y de corazón ardiente:
-
¡Héroe, reanima el valor de mi ejército!. ¡Haz un
nuevo esfuerzo!.
Dusana
se precipitó sobre el vástago de Kakutsta con el mismo furor que lo
hiciera en otro tiempo el demonio Namuchi. Igualmente, todos los malos genios,
viendo a Dusana junto a ellos, se lanzaron también sobre Rama por segunda vez
provistos de toda suerte de proyectiles. El héroe de largos brazos, lo mismo
que si jugara, cortaba diestramente, dentro del círculo de los malos genios,
cabezas y brazos...
El campo
de batalla quedó limpio de combatientes, pues el fuego de las flechas de Rama
los había devorado a todos. En aquella jornada Rama dio muerte a catorce mil Raksasas, espantosos, audaces, valientes y, sin embargo, él era un solo
individuo a pie, ¡un hombre solo! >>
En
esta fase planetaria, vemos a semidioses debilitados por las distintas guerras
que han sufrido contra los Dioses mayores. Estos semidioses pervertidos por la
materia densa que los ha hecho convertirse en despojos de lo que en un día
fueron: ‘Los Suras divinos de radiante luz’.
Rama,
es el ser encomendado para normalizar la estructura humana imperante en el
planeta mediante la eliminación de las últimas encarnaciones pervertidas de
los Asuras en franca degradación.
Pero Rama, no solamente es el encargado de erradicar a los
Asuras encarnados en
formas semi-humanas residuales, sino que también recibe la instrucción de
terminar con los últimos remanentes Atlantes, que viven salvajes en las montañas
con grandes malformaciones genéticas, como se desprende de éste
fragmento:
<<
En aquel momento apareció ante sus ojos un torso enorme, de color de las nubes
sombrías, horroroso, disforme, sin cuello, sin cabeza, cubierto de pelos
punzantes, hirsutos, y con una boca que tenía unos dientes largos hasta el
vientre.
Por su
colosal altura el tronco igualaba a una montaña y producía un ruido igual al
del trueno. No tenía mas que un ojo, largo, vasto, inmenso en medio del pecho,
y cuya vista alcanzaba distancias infinitas. Lo destruía todo con su fuerza
desmedida; devoraba los osos más feroces y los elefantes más enormes, y con
sus dos horribles brazos largos como un yodjana, estrechaba entre sus manos
cuadrúpedos y volátiles.
-
¿Quiénes sois vosotros, guerreros de espaldas de
toro, que lleváis arcos y espadas, que vinisteis a este bosque para servirme de
pasto?.
En
otro tiempo, yo residía en la tierra y seducía por mi belleza, semejante a la
del amor. Un día cometí una falta y ésta fue la causa que me hizo caer en la
selva con unas formas contrarias a las que tenía. Yo soy un Danava, me llamo
Danú, y soy el hijo mediano de Laksmi la diosa de la belleza. Aprended pues a
donde llega la cólera de Indra, que a mí me ha revestido de estas odiosas
formas. >>
Rama,
mata a Danú, pero más bien en un acto de piedad hacia su triste existencia,
que en una fiera contienda, como en el caso de los Raksasas.
Todas
estas proezas le valen la peligrosa
enemistas de Ravana, el rey de los Raksasas, que encolerizado y temeroso a la
vez se pregunta: ¿Quién es ese hombre de recursos ilimitados que amenaza mi
reino…?
Ravana
es la decrépita encarnación agostada del Príncipe Planetario Rebelde que aún
ciñe la corona del terror que une a sus súbditos Asuras, en un lazo de lealtad
contra-natura.
Ravana
es el principal enemigo de Rama, y rapta a Sita para destruir la labor de
elevación evolutiva de la misma humanidad que él ayudó a construir en un
pasado remoto.
Ravana,
es decir: Ahriman,
el destronado Príncipe Planetario, aparece reflejado en la figura de la
serpiente del Edén que tienta a Eva en las crónicas del Adán Semita, siendo
una de las causas principales de la caída de la actual raza humana:
<< Ravana, azote del mundo, instalado en su trono de oro, rodeado de su admirable
cortejo, con sus diez caras, sus veinte brazos, sus ojos color de cobre y su
enorme pecho; con sus blancos dientes, su dilatado semblante, su boca siempre
abierta como la muerte...
-
Entregado sin freno al goce de todos los placeres
imaginables, ignoras que ha surgido para ti un horroroso peligro, en el cual es
preciso pensar. Kara ha muerto, ¡Dusana también, y tú lo ignoras! ¡Rama sólo,
a pie, con su varonil brazo, ha destruido catorce millares de Raksasas de
extraordinario vigor!.
Ravana,
colérico preguntó a Surpanaka:
-
¿Quién es ese Rama? ¿De dónde procede Rama? ¿Cuál
es su fuerza? ¿Cuál es su valor? ¿Por qué ha penetrado en esta selva, casi
inextricable?
Después
de estas palabras de Ravana, la furia, comenzó a contar llena de cólera, lo
que realmente sabía de la vida de Rama:
-
Tiene un hermano llamado Laksmana. Una ilustre dama
de grandes ojos, de talle encantador, es la esposa legítima de Rama; se llama
Sita...
(Y el rey
de los Raksasas examinó cuidadosamente el plan y los pormenores de la empresa
para secuestrar a Sita...) >>
Sita
es raptada y llevada al palacio de Ravana. El demonio
Raksasa pretende doblegar
la castidad de la compañera de Rama, y romper así el nudo que une la magna
obra encomendada a ambos. Aunque no consigue su propósito plenamente la
culminación final de su obra será un muro de desconfianza y sospechas entre la
pareja, que terminará malogrando el propósito
fundamental del trabajo del Adán y la Eva Arios.
Los
cuadrumanos son los seres que con sus ejecitos y héroes, ayudan tanto a Rama
como a Sita, siendo ellos, los auténticos artífices de la resolución del
conflicto y los principales beneficiados de la alianza de Adán y Eva con la
raza de los hombres-mono.
Los
hombres-mono no representan aquí a los herederos de los Atlantes
animalizados por las mezclas ilícitas entre especies, sino a los hombres arios
nuevos, descendientes de las Mónadas Lunares que habían sido animales en una
ronda anterior del planeta. Ellos eran en realidad los “inocentes”, los
seres que no habían acumulado un
karma negativo que justificase por sí sólo la tremenda confusión en la que
vivía el planeta, ellos, los seres que por ley deberían de haber constituido
la humanidad base de un planeta nuevo
y prometedor, hoy se encontraban uno revuelto y en gran confusión. Un planeta que
albergaba a otros seres encarnados, de muy diversa procedencia, pues sus Mónadas
procedentes de diferentes estatus, habían involucionado por un lado desde
la antigua humanidad Lunar, y por otro, desde los Asuras arrojados a la materia,
pasando por los seres de los planetas de este sistema y de otros, que no
pudieron continuar con su camino evolutivo.
Los
cuadrumanos evolucionarios, organizados en reinos, con héroes excelsos,
ciudades y palacios poseían una cultura propia, aunque en sí eran despreciados
y desposeídos por las demás razas ahora también “humanas” que compartían
con ellos el planeta, las cuales, aunque en su origen más avanzadas, poseían
un contenido claramente involucionario.
Pero
volvamos al Ramayana, para visualizar los símbolos que encierran la verdad:
<<
Al llegar a las cimas del Himalaya, Hanumat presentó los valientes guerreros al
magnánimo Sugriva:
-
He aquí al prudente Rama, el de largos brazos, hijo
del rey Dasarata, que viene buscando tu protección. Un Raksasa le ha robado a
Sita, su esposa, por medio de la magia. Y en su infortunio, Rama y Laksmana, su
hermano, desean tu apoyo.
El rey de
los monos tomó de súbito la forma humana, y revestido de un exterior
admirable, le dijo a Rama:
-
Tu grandeza es paralela al deber, revestida de valor,
amiga del bien. Si no desdeñas mi naturaleza de mono y quieres ser mi amigo; si
deseas aliarte conmigo te alargo mi brazo, estrecho mi mano en la tuya, y
permaneceremos desde este momento sólidamente unidos.
Rama
estrechó la mano del mono y éste hizo lo mismo, e inflamado de amistad por su
huésped, abrazó estrechamente al iksvákida. >>
Rama,
tiene otra importante labor que cumplir en su titánica tarea. Él debe de
combatir y destruir la Magia Negra practicada por los Raksasas, herencia
enquistada de los anteriores ciclos, y condenada a la extenuación en los siglos
venideros por los mismos Dioses. Pero para conseguir su objetivo, no utiliza
otro tipo distinto de Magia, sino la fuerza interior y las armas fabulosas entregadas por
los Dioses para cumplir su misión.
Rama,
es aclamado en varios pasajes como iniciado en la Ciencia y practicante de las
dos Ciencias Maravillosas, la Potencia y la Ultra-Potencia. Su arma principal es
su valor, la mente concreta y la observancia de las reglas, cualidades que
marcarían al pueblo Ario más que a ningún otro.
Al
contrario que el Adán Semita, él no realizará ningún acto mágico, ni es
iniciado de ningún colegio esotérico practicante del culto de la
“Serpiente”.
La
vieja magia practicada por los Raksasas termina finalmente claudicando ante el
poder de Rama:
<<
El perverso héroe Indragit, humillado, corrió a sacrificar en el fuego,
siguiendo los ritos establecidos, y sobre el sitio destinado a las víctimas. El
guerrero ávido en combates, degolló vivo un macho cabrío negro, y vertió en
el fuego, conforme a los ritos, la sangre que emanaba de su cuello. Una gran
llama exenta de humo, se encendió de súbito, signo que presagiaba la victoria.
El fuego inflamóse en sí mismo, y volviendo al mediodía el espiral de las
llamas color de oro puro, acogió graciosamente la oblación de manteca
clarificada. Enseguida salió del fuego un carro magnífico, arrastrado por
cuatro hermosos corceles sin freno y que, provistos de diversos dardos y
cubiertos de ricas vestiduras, armado de grandes lanzas, caminaba invisible.
Montado,
Indragit, en el aéreo carro invisible, hirió con sus acerados dardos a Rama y
a Laksmana. >>
La
Magia Negra consigue abatir a los dos héroes, pero estos vuelven a la vida por
la carga mediática de la finalidad que conlleva el noble objetivo a ser
cumplido:
<<
En aquel instante el Viento se acercó al dolorido héroe y deslizó estas
palabras a su oído:
¡Rama,
Rama el de los largos brazos, acuérdate en tu corazón de ti mismo! ¡Tú eres
Nârâyana, el bienaventurado, encarnado en este mundo para salvarlo de los
Raksasas!. ¡Acuérdate solamente del hijo de Vinata, el divino Garuda, de vigor
inmenso, y que devora a las serpientes!. Él vendrá a libraros de este horrible
lazo que os ata, y al cual os han encadenado unas “serpientes” con
apariencia de flechas.
En cuanto
Garuda vio a los dos príncipes kakútstidas, saludóles con sus manos y enjugó
su rostro, resplandeciente como la Luna. Todas las heridas se cerraron en cuanto
el pájaro divino las tocó y unos colores monocromos borraban las cicatrices de
sus cuerpos. >>
El
simbolismo de las “serpientes” es muy fuerte en toda la narración, pues
representa la clave oculta que define la guía y el carácter de los seres que
encabezarán la historia de los dos grandes grupos étnicos, los cuales reinarán
en la superficie de la tierra durante los milenios sucesivos hasta nuestros días.
También es la clave de las dos parejas de Adanes y Evas, elevadores genéticos
de la Quinta Raza, representantes de la dualidad eterna reflejada en el símbolo
del Yin y del Yan. Así como también están diferenciados Vishnú, ‘El
Conservador’, y Shiva, ‘El de los Tres Ojos’, cuya bandera tiene un toro
por emblema.
Los dos
grandes grupos humanos, se formaron, uno bajo la égida del Cordero, y cuyos
pueblos fueron denominados Ramídeos o simplemente Arios. Y el otro bajo la égida
del Toro, siendo denominados Turanios o Semitas.
Rama, el
glorioso Ram,
como se le conocerá más adelante, tuvo dos hijos: Kusha y Lava, quienes
nacieron cuando Sita estaba refugiada con Valmiki, ya que Rama la había
abandonado atendiendo a la opinión pública. Ram
comenzó entonces una égida, que inició el ciclo de más de 9.000 años que
él rigió hasta la época de transición actual, y que distribuiría la excelsa
cultura Aria (Ramídea), por una gran parte de Asia y Europa.
Los hermanos
de Rama, rigieron a su vez en distintas provincias. Laksmana tuvo dos hijos:
Angada y Chandraketu, quienes gobernaron a su vez en las regiones cercanas al
Himalaya. Barata obtuvo la provincia de Kekaya y el alto Sind. Sus dos hijos,
Taksha y Puskara, conquistaron por su parte el reino de Gandara.
Con el correr
de los siglos se establecieron dos dinastías principales, la de los Surya, la
dinastía solar, y la de los Chandra, la dinastía Lunar. Fundadores de sendos
estados poderosos que dieron lugar a ciudades grandiosas como Mohenjo, Daro,
Chanju Daro y Harapa.
Posteriormente,
hacia el 2.500 a.C. un extraño pueblo surgió de la nada en las desoladas
llanuras del Gobi y Pamir como remanentes expulsados de la raza intraterrena.
Ese pueblo fue llamado Ario por la ciencia oficial terrestre, e invadió las
inmensas ciudades ramídeas hacia el 1500 a.C., aportando su singular y
evolucionada cultura en forma de un lenguaje: el Sánscrito. Lo que realmente
unificó a los pueblos indoeuropeos, fue el Sánscrito, cuyos dialectos se
extendieron desde el griego, hasta las lenguas indogermánicas.
Las
migraciones arias pronto alcanzarían su máxima extensión; desde Europa con la
llegada de las tribus Pónticas, hasta
las fronteras de China con los pueblos Tocarios. Los nuevos pueblos se
asentaron por una vastísima extensión estabilizándose con formaciones étnicas
y lingüísticas más o menos fluidas, que dieron lugar a los pueblos hoy
denominados “Kentum-Satem”. Los pueblos Kentum u occidentales
fueron principalmente los Aqueos, y los Luvi-Hititas Anatolios, mientras que otros pueblos que se
asentaron el norte de Mesopotamia y la India fueron del tipo Satem, como los
Casitas, Mitani y Dravídicos, que posteriormente constituirían el grupo Indo-Iránio.
Pero la clave
de la Sabiduría Aria, la de los Rishis y Arhats hay que buscarla en el libro más
importante de la Cosmogonía Aria: “El Rig Veda”. Éste es el libro que más
claramente descubre las claves profundas del esotericismo Ario:
<<
Aquel que se mueve sobre las aguas turbulentas del océano de la vida, y que es
en sí mismo la dualidad primigenia. Sat
y Asat
>>.
Sat
es lo inmutable, la raíz siempre presente, eterna y sin cambio, la existencia
única de la cual proviene todo, es la fuerza potencial en la semilla que mueve
a la evolución. Asat
es, por tanto, el mundo fenoménico, el reino de Maya,
el reino de la decadencia y la resurrección desde las cenizas.
Asat, es generado por Sat,
sólo para ser así mismo el origen y meta de éste último.
El Rig
Veda,
despliega también la profunda enseñanza de los Siete Rayos de Sûrya, el Sol.
Que se convierten en el camino y medio de Sat,
la Seidad, sobre Asat,
el medio manifestado.
Los Siete
Rayos son las energías fundamentales del cosmos. Tienen cualidades definidas
que se transfieren al medio con el que interactúan, ya sean átomos, planetas o
galaxias, formando la vibración fundamental, clave o nota fundamenta de los
sistemas de mundos. Éstos constituyen en sí, las notas musicales con las
cuales el Himno de la Vida está compuesto.
El tono
fundamental, la nota básica y sintética de este sistema planetario es la del
Segundo Rayo cósmico, también denominado Amor-Sabiduría,
la energía Crística, que al penetrar en el aura de la Tierra hace
surgir en ésta los patrones básicos de las estructuras genéticas.
Los rayos básicos
emiten así mismo, los múltiples matices de su tono, dividiéndose a su vez en
otros siete sub-rayos, que son los armónicos del rayo primero o fundamental.
Los Rayos plasman las leyes evolutivas que son reguladas por las sutiles
consciencias creadoras, trayendo los fuegos cósmicos a la materia y generando
la manifestación del mundo tangible.
El
conocimiento de los Rayos cósmicos es la senda que conduce al hombre a su
propio interior. La vinculación de la humanidad terrestre con los rayos no se
limita al ámbito planetario, pues al ser éstos su propia naturaleza, ayudan a
su consciencia a integrarse en el cosmos como un todo. Los Rayos penetran los
intersticios de la materia, vibrando, e irradiando estímulos para la
trascendencia y la cura. La unión entre la materia y los rayos se establece a
medida que el reino humano, como símbolo del consciente externo del planeta,
logra afianzarlos en su propia consciencia y unirse a ellos en mística
simbiosis.
Entre las
energías que promueven la manifestación de un universo se destacan los
llamados Rayos de Aspecto, que expresan los tres aspectos del Logos
creador. Ellos están distribuidos en tres rayos que comienzan en el Primer
Rayo, es el de Voluntad-Poder-Propósito, encargado de destruir las formas
superadas para que emerjan las contra-actuales, que estimulan el despertar de la
esencia. El segundo aspecto es el del Amor-Sabiduría-Magnetismo, que permite la
construcción de las formas, y es a su vez magnético y aglutinante,
éste rayo es a través del cual se manifiesta la energía Crística. El
Tercer Rayo o tercer aspecto, Actividad-Inteligencia-Creación, crea la vida
organizada, estructura las formas y se expresa por medio de la energía vital.
Los Rayos de
Aspecto, se combinan con los otros cuatro rayos, o Rayos de Atributo, creando
las coyunturas energéticas que manifiestan las estructuras complejas del mundo
manifestado.
La Primera
Coyuntura energética la forman el Primer Rayo (Aspecto), junto con el Sexto y Séptimo
Rayos (Atributo), que custodian e irradian el propósito de la manifestación
universal. El Sexto Rayo es el de la Devoción y la Entrega, el cual eleva la
vida y los seres, canalizando el deseo y la aspiración hacia metas cada vez más
altas. El Séptimo Rayo, Orden y Ceremonial, estimula la unión del espíritu
con el de la materia.
La Segunda
Coyuntura energética la forman el Segundo y Cuarto Rayo, y atrae lo necesario
para que el Propósito se cumpla. El Cuarto Rayo es el de la Armonía, que lleva
a las formas al perfeccionamiento.
La Tercera
Coyuntura energética la forman el Tercero y Quinto Rayo, y plasma en la vida
manifestada, los patrones acordes con la meta evolutiva. El Quinto Rayo se
identifica con el Conocimiento y la Ciencia, y promueve la aproximación de las
formas a la Idea Divina que les dio origen.
En el futuro,
la ciencia de los rayos, será rescatada de las enseñanzas antiguas, y ellos
serán los cimientos de la ciencia del hombre de la Sexta Raza, que formará la
humanidad de superficie de este castigado planeta.
Estos Sagrados
conocimientos, que fueron acuñados por los primeros padres Arios como herencia
del mismo Ram, son los Siete Amigos de Agni,
sus Siete Caballos o Siete Cabezas. Alegóricamente se declara que la Raza
Humana ha surgido del Fuego y del Agua, o lo que se traduce como los Tres Rayos
de Aspecto y los Cuatro Rayos de Atributo conocidos también como los Tres
Fuegos y las Cuatro Llamas.
Los Rayos son
ofrendados por los Sacrificadores Divinos, los Pitaras, Angirasas, Sâdhyas y
los Devaputra Rishayah o los Hijos de Dios. Estos Sacrificadores Divinos son
colectivamente Vishvakarman, el Padre de los Dioses.
En los himnos
del Rig Veda, el Hombre Celeste es llamado Purusha, el Hombre, de quién nació
Virâj, el hombre mortal; el cual está bajo el dominio de Varuna, el supervisor
de la Ley Universal.
<<
Quién viola las leyes de Varuna, o leyes de la Naturaleza, es castigado por
Indra, cuyo Vrata, ley o poder, es el máximo exponente de la Ley Kármica
>>.
La
misma doctrina Aria del Rig Veda se ve reflejada en otras culturas antiguas,
como la de los Indo-Iranios, que se establecieron en Mesopotamia. Pero la
doctrina esotérica de los primeros Arios Mazdeitas no era exactamente la misma
que la Ramídea original del pueblo Indo-Ario…
Ahura Mazda
u Ormuzd, como es también conocido en la genealogía Indo-Iránia,
era la cabeza y síntesis de los siete Amesha Spentas, o Amshaspands, y
por lo tanto él mismo era una Amesha Spenta, o foco de donde emana en lo físico
el Sol espiritual diversificado en los Siete Rayos, las Siete
Lenguas de Fuego y los Siete Planetas o Dioses.
Ahura Mazda,
que significa el ‘Señor Sabio’, es uno de los Hijos de la Sabiduría, que
formaron al Hombre sin Mente y le dotaron de la suya.
Yima,
el Primer Hombre, así llamado en el Vendidâd, y su hermano gemelo Yama (Rama),
que es representado como el hijo del Manu Vaivasvata, pertenecen a dos épocas
de la historia universal y a los dos polos de la energía creadora. La Sabiduría
Divina encarnándose en la Tierra, y forzada a probar el amargo fruto de la
experiencia personal, el dolor y el sufrimiento.
Estas consciencias involucionan desde la Raza Divina a las Razas Humanas
que crecen a la sombra del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.
En el
libro de Enoch tenemos a Adán, el primer Andrógino Divino, separándose en
hombre y mujer, y convirtiéndose
en el Jah-Heva, cuyo secreto guarda la Esfinge egipcia, la cual contiene el
Enigma de las Edades.
El
varón y la hembra, el Caín y Abel, es el símbolo del poder generador y
creador simbolizando el agua y la tierra. El secreto alquimista, que Moisés
define con las siguientes palabras:
<<
Se necesita la Tierra y el Agua para crear un Alma Humana... >>
Marte
es el Mangala indio, idéntico a Karttikeya, el Dios de la Guerra, que es a su
vez Gharma-ja, nacido del sudor de Shiva, El de los Tres Ojos, y de la Tierra.
Él es Lohita, el Rojo, el Adam Kadmón.
Amón Ra,
Amón
(oculto), la antigua deidad egipcia, y su mujer Mut (la madre), son el Jah-Heva,
el Jehovah de doble sexo de la Kabalah:
Los
Magos Caldeos decían “Yima”, refiriéndose al “Hombre” al hablar de la
humanidad. El hermoso Yima, el primer mortal que conversa con Ahura Mazda,
contestándole en tono orgulloso cuando éste le pide que sea su sacerdote:
-
‘Yo no
he nacido, yo no he sido enseñado a ser el predicador y portador de tu
ley…’
Y
entonces Ahura Mazda le pide que haga aumentar sus hombres y que vele por su
mundo. Pero, aunque Yima rehúsa ser sacerdote de Ahura Mazda, porque él es su
propio sacerdote y sacrificador, acepta, sin embargo, la segunda proposición. Y
es entonces representado contestando:
-
‘¡Sí!... Yo criaré, gobernaré y velaré por tu
mundo. Mientras yo sea rey no habrá viento frío, ni viento caliente, ni
enfermedades ni muerte’
En
Babilonia, Asiria y Egipto, a Yima se le denomina también Faraón, y es
comparado al árbol más hermoso del Edén. Incluso Ezequiel habla de él
diciendo:
<<
Todos los árboles del Edén, los más escogidos y mejores del Líbano… Son
consolados en las partes inferiores de la tierra. Pues ellos también
descendieron al infierno con él (Faraón) >>
Las
“regiones inferiores” son, en este caso, el fondo del mar, cuyo abismo se
abrió para devorar al “Edén” pues la Magia Negra se enseñoreó de él
atrayendo la sentencia que se haya en las Tablas Asirias:
<<
¡Ved! -dicen los Elohim-. El Hombre se ha convertido en uno de nosotros.
Verdaderamente, tú (El Edén) serás un error y nunca más volverás a ser…
>>
El Edén
desapareció finalmente de la faz de la tierra, tragado por el mar Mediterráneo,
enfrente de las actuales costas del Líbano.
Adam Kadmón, el “Hombre”, en lugar de hacerse neófito y obtener sus
conocimientos esotéricos por medio de la iniciación regular, usa sus
facultades intuitivas, e impulsado por la “Serpiente” come ilícitamente del
Árbol del Conocimiento.



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