Se publica Aquí solamente una breve sinopsis del mismo para su análisis y evaluación:
Sedimentación y el registro fósil
Consideraciones a la luz de la Ingeniería Hidráulica
Henry
M. Morris, Ph. D.,
Introducción
La
relación de la ingeniería hidráulica con la controversia creación/Evolución
puede, en un principio, parecer muy débil. No obstante, existe una relación
muy real y significativa...
Una
de las funciones más importantes de las aguas naturales de la tierra es la de
la erosión, el transporte y la deposición de sedimentos. La mecánica del fenómeno
anterior controla la formación y el desarrollo de los sistemas fluviales. Los
ríos sirven no tan solo para conducir las aguas al océano, de donde
provinieron, sino que también sirven para transportar grandes cantidades de
sedimentos erosionados de sus cuencas, depositándolos finalmente a lo largo
de su recorrido en las crecidas, o en los deltas que forman en sus
desembocaduras. Los sedimentos del delta son gradualmente disgregados por la
acción hidráulica de las olas y por las corrientes del litoral, hasta que al
final se depositan más o menos permanentemente a lo largo de las plataformas
continentales y en las vertientes oceánicas. De esta manera se van rebajando
las partes emergidas de la tierra y se llenan los océanos...
Los
geólogos, por otra parte, con unas pocas y honrosas excepciones, han continuado
favoreciendo el tratamiento cualitativo y descriptivo de la sedimentación, en
lugar del cuantitativo y matemático. Debería ponerse en claro, no obstante,
que el grado de confianza que puede concederse a sus interpretaciones de los depósitos
sedimentarios del pasado depende directamente de su entendimiento de los
procesos de sedimentación en el presente. El presente estado del conocimiento
de los mecanismos de sedimentación, aun en el de aquellos ingenieros hidráulicos
que están desarrollando más actividad en tales estudios, no es, por cierto, el
suficiente como para permitirnos depositar demasiada confianza en
interpretaciones de los depósitos sedimentarios del pasado que nadie
presente, especialmente si no están completamente familiarizados con los
modernos estudios en hidráulica de sedimentación.
Ahora
bien, el punto de arranque de esta discusión que presentamos aquí sobre la
evolución es simplemente que las rocas sedimentarias depositadas en el pasado
constituyen el depósito de plantas y animales que vivieron en aquel pasado. Y
este registro fósil de la vida en la tierra durante su pasada historia
constituye en realidad la única evidencia que se presenta para apoyar la teoría
de la evolución orgánica —la única prueba histórica, no
circunstancial, que se nos presenta con la pretensión de que realmente nos
confirma aquella teoría de la evolución.
La
cuestión de cómo se depositaron originalmente los sedimentos fosilíferos es,
por tanto, de extrema importancia para la controversia evolución contra creación.
¿Pueden estos sedimentos ser explicados adecuadamente por medio de los
procesos de sedimentación de la tierra, tal como ahora está constituida?
¿Fueron depositados muy lentamente, durante largas épocas, o rápida y
violentamente? ¿Bajo qué circunstancias, y en qué clase de medio, fueron
originalmente erosionados, transportados y redepositados?
Esta
cuestión no podrá nunca ser resuelta científicamente en su totalidad, por la
sencilla razón de que los sucesos del pasado no son reproducibles.
No obstante, el objetivo es conseguir la respuesta más razonable y probable, lo
cual requiere, como prerrequisito mínimo, un entendimiento completo de los fenómenos
que provocan y acompañan la sedimentación, los medios, y los procesos, tal
como actúan presentemente. Y hasta que los paleontólogos no hayan adquirido
estos conocimientos, y no hayan demostrado su consistencia con su interpretación
evolucionista y actualista del registro fósil, estamos totalmente justificados
en nuestro rechazo del concepto de evolución orgánica total.
Los
varios puntos de esta introducción se van a discutir con más detalle, y con más
documentación, en las siguientes secciones.
El
lugar del agua en la interpretación geológica
De
todos los factores físicos involucrados en el estudio de la Geología, uno de
los más obvios y más ciertos es el de que el agua ha sido el principal agente
en la formación de la superficie terrestre. El planeta Tierra, por lo que ahora
se conoce, es el único que está equipado con una gran cantidad de agua, y este
hecho es profundamente importante para comprender la historia de la Tierra...
También
es obvio que hasta el 29% de la superficie terrestre que no está cubierta por
las aguas del océano, lo ha estado en el pasado, y que la mayor parte de las
rocas superficiales de la corteza terrestre fueron depositadas originalmente por
agua en movimiento. Las formaciones rocosas son clasificadas generalmente en ígneas,
metamórficas, o sedimentarias, habiéndose formado estas últimas,
principalmente, por la deposición de sedimentos transportados por el agua desde
un área que sufre su erosión. Es significativo que la mayor parte de las rocas
de la superficie son sedimentarias.
«En volumen, las
rocas sedimentarias forman un 10 % en relación a las rocas ígneas en la
corteza terrestre; pero cuando lo que examinamos son las rocas expuestas en la
superficie terrestre, las rocas sedimentarias cubren unas tres cuartas partes de
la misma.»
Además,
muchas de las rocas ígneas de la superficie terrestre cubren rocas
sedimentarias, sobre las que fluyeron en estado ígneo después de una erupción
a través de fisuras terrestres o chimeneas volcánicas. Similarmente, muchas de
las rocas metamórficas presentes en la superficie fueron sedimentarias
anteriormente (por ejemplo, el mármol, proveniente de la piedra calcárea por
medio de procesos de metamorfización).
Así, es
evidente que probablemente toda la superficie terrestre ha estado en alguna
ocasión, u ocasiones, completamente sumergida en agua, y que estas aguas han
sido muy efectivas en la misma formación de las propias rocas, así como de las
características de la fisiografía terrestre...
«La literatura bíblica,
y otras literaturas antiguas del Medio Oriente están dominadas por una tradición
de un Diluvio Universal. Una característica de este punto de vista es una
escala de tiempo extremadamente corta para la duración de nuestro planeta
—medida en miles de años, en lugar de en miles de millones. Un diluvio
durante tal período era suficiente para explicar todas las evidencias de los
antiguos mares que cubrieron las tierras actuales... Poco a poco, los pesos
muertos de la Edad Media fueron cayendo al irse desarrollando la ciencia de la
Geología ... Hacia el final del siglo XIX solamente los fundamentalistas
rehusaban aceptar la evidencia abrumadora de que no una sola vez, sino muchas,
los mares habían cubierto lo que ahora es tierra seca.»
Sedimentación
gradualista contra catastrofista
Así, parecen
existir dos posibles tipos de explicaciones para el hecho de que, en esencia,
toda la superficie terrestre ha estado, en alguna ocasión u ocasiones en el
pasado, bajo el mar. Una es la diluvialista, la otra la actualista, o
gradualista.
En
la primera, un tremendo cataclismo de agua, precipitándose del espacio y
surgiendo de las profundidades de la tierra, produjo una hecatombe de un año de
duración, de erosión y deposición de sedimentos que explicaría, al menos, la
mayor parte de las formaciones sedimentarias en la corteza terrestre...
Es
cierto que en algunos casos la evidencia puede mostrarse de tal manera en la
naturaleza que, en muchos casos, la decisión sea subjetiva, condicionada por
las presuposiciones (aceptación del actualismo
a priori, aceptación del catastrofismo a priori, etc.,) pero
creemos que, en algunos casos, la evidencia habla muy elocuentemente y
persuasivamente de una rápida catástrofe que enterró a los representantes
animales y vegetales del mundo antiguo. Estas evidencias —algunas de ellas
solamente, pues el espacio en este trabajo es limitado— se presentan en la
sección «La necesidad del diluvialismo», de este trabajo. Naturalmente, como
se desprende de lo anterior, el punto de vista que aquí exponemos y defendemos
es el del diluvialismo. Los depósitos fosilíferos se pueden comprender muy
adecuadamente en este contexto, pero no es lo mismo que decir que el
diluvialismo puede ser demostrado científicamente (lo que significaría que se
debería comprobar experimentalmente). Por la misma razón, se debería
reconocer claramente que tampoco se puede demostrar científicamente el
actualismo.
Nuestro
propósito aquí, pues, es simplemente mostrar que el catastrofismo acuoso
provee una explicación posible y razonable para las rocas sedimentarias, que el
peso de la evidencia lo favorece, que el actualismo está plagado de
dificultades, y que la afirmación actualista de que el diluvialismo es hijo de
la ignorancia y de la superstición es más fácil de hacer que de demostrar.
Sedimentación,
Paleontología, Evolución
La importancia del
estudio de los procesos de sedimentación, en cuanto a que están relacionados
con el registro geológico, consiste principalmente en su contribución a la
teoría de la evolución. El registro fósil, preservado en las rocas
sedimentarias de la corteza terrestre, es, por su misma naturaleza, la más
importante de todas las pretendidas pruebas de la evolución. Como Kerkut ha
dicho:
«La evidencia más
importante para la teoría de la Evolución es la obtenida por medio del estudio
de la Paleontología. A pesar de que el estudio de otras ramas de la zoología,
tales como la Anatomía o Embriología, le pudieran guiar a uno a la sospecha de
que los animales están todos interrelacionados, fue el descubrimiento de
varios fósiles y su correcto emplazamiento en sus estratos correspondientes lo
que dio la base factual para la moderna visión de la evolución.»
Esto
es, las vastas extensiones y los grandes grosores de la Tierra, incluyendo como
incluyen unas tres cuartas partes de la superficie de la Tierra, han sido
supuestamente depositadas a lo largo de inmensidades de tiempo geológico,
conteniendo cada capa de turno los fósiles típicos del período de vida
correspondiente a cuando se efectuó aquella deposición. Las rocas más
antiguas son las que contienen solamente las formas primitivas de vida, y los fósiles
van convirtiéndose en más y más complejos y modernos en los depósitos
recientes. Así, a pesar de que cualquier otra evidencia de evolución sea
por su misma naturaleza una evidencia circunstancial, y se pueda explicar en términos
de relación evolutiva, o en términos de creación directa, se pretende que el
registro fósil es la evidencia documental de que hubo una evolución orgánica.
¡Pero al
mismo tiempo se datan los estratos rocosos por la antigüedad relativa de los fósiles
que contienen!
«Los paleontólogos
vertebrados se basaron en el “orden de la evolución” para establecer el
criterio con el que determinar la cronología relativa de las faunas. Antes del
establecimiento de los métodos físicos de datación, la progresión evolutiva
fue el mejor método para la datación de los estratos fosilíferos.»
De esta
manera, se supone de principio que las rocas que contienen fósiles simples son
antiguas, y que las que contienen sistemas complejos son más recientes. Los
sistemas físicos de datación mencionados en la anterior cita no se consideran
normativos en absoluto, ya que cualquier datación radiactiva que parezca
contradecir la edad geológica previamente determinada sería inmediatamente
descartada como errónea.
«La escala estándar
de tiempo está derivada directamente de la columna estándar, y no de ninguna
otra fuente, excepto para los detalles del Pleistoceno posterior. Los fósiles
de las unidades que forman la columna estándar, y de otras unidades en otras
columnas, son todavía nuestra principal guía en la correlación estratigráfica,
aunque aceptamos cordialmente la calibración estadística de la columna estándar
por medio de los métodos de datación radiométrica.
Vemos así que
hay un sistema muy sutil de razonamiento circular involucrado en la interpretación
estratigráfica de las rocas sedimentarias de la corteza terrestre. La base para
asignar a cada estrato una fecha relativa en relación a todo el conjunto de la
columna geológica es totalmente paleontológica, en base de presuponer una
progresión evolutiva a lo largo de épocas geológicas.
Pero
tenemos, también, que la única evidencia presentable como verdadera de esta
evolución progresiva es el registro fósil. Y, de hecho, esto solamente es una
parte de la verdad. La datación se efectúa no mediante los conjuntos de fósiles
como tales, sino solamente por ciertos «fósiles de zona», que supuestamente
son el criterio seguro de las varias etapas específicas en la historia
evolutiva.
«El mejor ejemplo de
cómo es la correlación paleontológica no estadística y cualitativa lo
tenemos en el hecho ya mencionado de que solamente una minoría de los fósiles
de la mayor parte de las faunas (¡y esto muchas veces resulta en la extrema
minoría de una sola especie fósil, o un solo género!) son fiables como índices
de épocas o fósiles-guía. La gran mayoría de los fósiles son, por otra
parte, índices de tiempo para su límite más antiguo (paracronológicos), o no
tienen ningún valor práctico biocronológico (índices ecostratigráficos).
Cualquier espécimen aislado, o cualquier fragmento conocido de los siguientes
marcadores, ammonites, belemnites, foraminíferos plantónicos, graptolitos,
trilobites, etc., es, consecuentemente, más significativo para la datación y
correlación de las unidades rocosas que todo el resto de las faunas fósiles
tomadas en su conjunto.»
Así
pues, los indicadores más fiables de la evolución y de los diferentes períodos
geológicos son, al parecer, un número restringido de organismos marinos
simples. Estos se suponen de extensión mundial,
por lo cual se pueden utilizar para la correlación mundial, y se les halla en
series verticales bastante distinguibles, con las formas más simples y menos
especializadas en el fondo, y las formas más complejas y más diferenciadas en
los estratos superiores.
Y
estos indicadores marinos, desde luego, se hallan todos en rocas estratificadas,
que fueron depositadas como sedimentos por agua en movimiento y, con máxima
probabilidad, en un medio marino no muy profundo.
Esto último lo confirman Krumbein y Sloss de la siguiente manera:
«Tomado como un
todo, el medio sublitoral es quizás el más importante desde el punto de vista
del análisis estratigráfico. Twenhofel (en 1950) estimó que sobre un 80 % de
los sedimentos en la columna geológica fueron depositados en aguas de una
profundidad máxima de 200 metros...»
Lo razonable de esta
sugerencia queda ilustrado por el hecho de que la sedimentación es, hoy en día,
utilizada como un método muy efectivo para la separación de diferentes tipos
de foraminíferos. Joseph Cushman, probablemente la mayor autoridad en Foraminíferos,
escribe así:
«Otro método por
el que se puede hacer una selección tosca es por medio de la sedimentación. Si
se agita el material en un vaso alto, los especímenes más ligeros estarán en
suspensión durante un tiempo, el suficiente para poderlos extraer, dejando a
los más pesados en el fondo. Etapas sucesivas separarán la mayoría de las
piezas calcáreas de entre los foraminíferos más pesados, arenáceos.
La
efectividad y significación de la selección hidrodinámica, como mecanismo que
pudiera producir conjuntos particulares que pudieran superficialmente parecer índices
cronológicos, o fósiles de zona, se discutirá en una próxima sección. Aquí
simplemente señalamos el hecho de que estos pocos organismos, que han servido
como fósiles de zona a causa de su distribución segregada, están así
distribuidos debido a una acción hidráulica, en lugar de tener una significación
evolutiva o cronológica.
Como
sumario, las bases reales que presenta la teoría de la evolución parecen
consistir mayormente en la serie de fósiles de zona marinos hallados en la
columna geológica. Estos se hallan en
sedimentos estratificados y endurecidos, depositados a poca profundidad en mares
epicontinentales poco profundos, con una datación supuesta de unos cientos de
millones de años de tiempo geológico, y después elevados en tiempos más
recientes para formar, en muchos casos, nuestras presentes regiones montañosas.
Los procesos de sedimentación por los cuales se formaron estos grandes depósitos
fósiles tienen, por lo tanto, una gran importancia y significación.
Incapacidad
del actualismo
Durante
alrededor de unos cien años el dogma de la uniformidad ha sido el orgullo y la
columna vertebral de la interpretación geológica.
Los procesos geológicos actualmente en operación —especialmente los de
sedimentación, que son obviamente los más importantes de todos los
procesos geológicos, al haber producido las rocas cuyos fósiles forman la base
del análisis geológico— se suponen capaces de explicar todos los sedimentos
en la columna geológica. En la familiar frase de James Hutton: «El presente es
la clave del pasado».
No
obstante, el principio del actualismo, o de la uniformidad, demuestra ser
completamente inadecuado justo al llegar a este punto crucial de interpretación
geológica. Los modernos procesos de sedimentación son en general bien
incapaces de explicar las rocas sedimentarias de la columna geológica. Esto
es cierto, sea que se piense que el método de deposición sea geosinclinal,
deltaico, lacustre, o alguno más que se pueda mencionar.
De hecho, los
modernos geólogos están reconociendo más y más que el uniformismo ha
fracasado. Desde luego, se mantiene como arma frente a cualquier forma de
catastrofismo o creacionismo bíblico, pero se reconoce abiertamente que no es
adecuado en absoluto cuando se trata de correlacionar las formaciones geológicas
con los procesos modernos y sus ritmos de actividad. En un reciente artículo,
por ejemplo, un geólogo de California ha afirmado:
«La doctrina de
la uniformidad (o del actualismo) ha sido fuertemente atacada en los últimos
tiempos. Una buena cantidad de escritores, no obstante examinar el asunto desde
diferentes ángulos, han coincidido en que esta doctrina está compuesta en
parte de componentes intrascendentes, absurdos, y en parte de componentes erróneos,
y algunos han sugerido que se descartara como presuposición formal y normativa
de la ciencia geológica.»
Similarmente,
David Kitts, de la Universidad de Oklahoma, ha tomado cuenta de este problema:
«Existe un acuerdo
general entre los geólogos en que algún principio de uniformidad es
ingrediente fundamental de toda deducción geológica ... A pesar de este
acuerdo general sobre la importancia de este principio, los geólogos mantienen
diversos puntos de vista en cuanto a su significado. Tan divergentes son estos
puntos de vista, de hecho, que uno se siente obligado a concluir en que no ha
habido ninguna solución, o ha habido muy pocas, a los problemas que provocaron
las famosas controversias entre los «uniformistas» y los «catastrofistas» en
el siglo XIX. A pesar de que los problemas no han sido resueltos, la
controversia ha finalizado...»
La
necesidad del catastrofismo
Ya
que no tenemos ninguna base científica para la evaluación cuantitativa de los
antiguos procesos de sedimentación, es evidente que la cuestión del
diluvialismo frente a actualismo en la interpretación de la sedimentación es
todavía una cuestión abierta, a pesar de las
infundadas afirmaciones en contra (véase referencia nº 13). Si después de
ello empezamos a hallar evidencias de que muchas de nuestras formaciones geológicas
presentes no hubieran podido ser formadas en absoluto por actividades actuales,
lentas, de deposición, la evidencia racional que favorece al catastrofismo
queda muy fortalecida.
De
hecho, aun los propios fenómenos modernos de sedimentación pueden ser
atribuidos a breves e intensos períodos de sedimentación, en lugar de a períodos
normales, lentos y uniformes. Más de la mitad de los sedimentos transportados y
depositados por los ríos modernos lo son durante períodos de inundaciones en
los cuales el río inunda las tierras ribereñas.
Hay
un buen número de fenómenos dignos de atención que caracterizan a las rocas
sedimentarias de la corteza terrestre, y que parecen ser clara evidencia de
deposición catastrófica, y que así muestran la falsedad de la suposición
actualista. Entre éstos están incluidos los siguientes:
1.
Sepulturas masivas de fósiles. Es muy bien sabido que cuando
un organismo viviente muere, especialmente si es uno de los animales mayores,
sus restos desaparecen rápidamente, a causa de la eficiencia de los basureros y
de los procesos de putrefacción que inmediatamente tienen lugar. A pesar de
ello, hallamos que en las rocas sedimentarias de la tierra existen grandes números
de plantas y animales enterrados, a menudo en grandes «cementerios» fósiles,
donde miles, y hasta millones de organismos se hallan aplastados juntos y
enterrados por los sedimentos. Aun después de siglos de haber estado recogiendo
grandes cantidades de fósiles por todo el mundo, se siguen hallando nuevas «sepulturas».
2.
Fósiles poliestráticos. La estratificación (o secuencia de
capas) es una característica de las rocas sedimentarias. Un estrato de
sedimentos se forma por deposición bajo condiciones hidráulicas esencialmente
continuas y uniformes. Cuando la deposición se detiene por un tiempo antes de
que empiece otra deposición, se podrá distinguir el nuevo estrato del antiguo
por medio de una línea (en realidad es un plano) de estratificación. También
se obtienen diferentes estratos cuando hay un cambio en la velocidad del flujo o
de otras características hidráulicas. Las masas sedimentarias tal y como se
hallan actualmente están compuestas de muchos estratos, y es en este tipo de
estratos donde se hallan la mayoría de fósiles...
3.
Marcas efímeras. Otra evidencia de deposición muy rápida
es la preservación de lo que Rupke denomina «marcas efímeras».
Estas constituyen un tipo especial de fósil originalmente formado cono marca
transitoria en la superficie de un estrato de sedimentos depositado hacía poco
tiempo (y por tanto en estado plástico, blando). Estas incluyen fenómenos
como: a) marcas de ondas de agua; b) señales de gotas de lluvia; c) rastros de
gusanos, y d) huellas de pájaros y de reptiles.
Es
cosa de simple observación que unas estructuras tan frágiles, una vez que han
sido formadas, quedan borradas con mucha facilidad por corrientes de aire o por
subsiguiente erosión y sedimentación. La única forma por medio de la cual
podrían ser preservadas sería por medio de un enterramiento muy rápido (sin
erosión subsiguiente), seguido de una litificación anormalmente rápida.
Sería
muy difícil, por no decir imposible, mostrar un ejemplo de tales fósiles en
proceso de formación en el presente. Se ha
sugerido alguna explicación, como, por ejemplo, un enterramiento rápido por
medio de corrientes de turbidez. Por ejemplo, Adolf Seilacher, del Geologisches
Institut de la Universidad de Frankfurt, lo presenta así:
«Las huellas de los
rastros de psamitas del Flysch aparecen solamente en capas delgadas en un
grosor particular de cada especie. Esto demuestra una deposición instantánea
de las capas individuales, tal como postula la teoría de corrientes de
turbidez. La mayoría de los rastros son excavaciones en el fango lavadas y
moldeadas por medio de las corrientes túrbidas. Así, una erosión de tipo
desacostumbrado debe haber precedido toda sedimentación túrbida.»
Pero
el hecho digno de atención es que las «marcas efímeras» de este tipo se
hallan en gran abundancia en las antiguas rocas sedimentarias de prácticamente
cualquier «edad» geológica, incluyendo las más antiguas.
Más aún, aparecen con la misma claridad y frescura cuando se desentierran hoy
en día, no importe cual sea la edad geológica particular que se les suponga,
ya sea la Proterozoica, o la Terciaria, o cualquiera de las que se hallan en
medio de ellas. Parece ser cierto que solamente alguna clase de sedimentación
abrumadoramente catastrófica puede en verdad explicar estas huellas y su
preservación.
4.
Preservación de las partes blandas. Se conocen muchos
casos en los cuales los restos fósiles no consisten en petrificaciones o
moldes, o algo por el estilo, sino en los que los verdaderos tejidos blandos del
organismo se han preservado. Esto es cierto hasta en los estratos más «antiguos»,
y a menudo estos fósiles se encuentran agrupados juntos en grandes números.
Estos depósitos hablan no solamente de un enterramiento muy rápido por
sedimentación, sino que también dan evidencia de que han permanecido
inalterables a la erosión, descomposición, etc., ¿durante unos cientos de
millones de años que, a la luz de estos hechos, se ven como inaceptables?
5.
El fenómeno de la estratificación. No son solamente los fósiles
contenidos en los estratos sedimentarios los que demuestran la necesidad de la
deposición catastrófica diluvial, sino que los mismos estratos lo indican. Ya
se ha visto anteriormente que la mayor parte de la superficie terrestre está
cubierta por sedimentes o por rocas sedimentarias, depositadas originalmente en
condiciones de agua en flujo. Esto en sí es evidencia directa de que,
en el pasado, la tierra estuvo cubierta por aguas impetuosas. Aun más, como ya
se ha mencionado anteriormente, incluso bajo condiciones actuales la mayor parte
de los depósitos sedimentarios son el resultado de períodos breves e intensos
de inundaciones arrasadoras en lugar de ser debidos a una erosión lenta y
uniforme.
La
evidencia de laboratorio indica que un depósito sedimentario se puede formar
bastante rápidamente, como está documentado en los trabajos de Alan Jopling de
Harvard, quien hizo una larga serie de estudios relacionados con la sedimentación
deltaica en una instalación de laboratorio, y después aplicó los resultados
al análisis de un pequeño depósito deltaico, formado supuestamente hace unos
13.000 años. Su conclusión fue la siguiente:
«Se puede concluir,
por tanto, que el tiempo necesario para la formación de todo el depósito del
delta fue como máximo de algunos días.
...
Basado en las velocidades computadas del avance del delta y del grosor de las láminas
individuales, el tiempo medio para la deposición de una lámina debe haber sido
de varios minutos.»
El
hecho de que muchas formaciones sedimentarias en la columna estratigráfica
consista de gravas o conglomerados, o hasta de rocas, es otro testimonio de una
actividad hidráulica de alta intensidad, como también lo es el frecuente fenómeno
de la «estratificación cruzada», indicando corrientes con dirección rápidamente
cambiante.
6.
Valles aluviales. Prácticamente todos los ríos
modernos fluyen por valles que transportaron en tiempos pasados mucha más agua
de la que transportan hoy en día. Esto es indicado no solamente por la
presencia universal de antiguas terrazas ribereñas elevadas sobre las laderas
de los valles, sino mucho más significativamente por las vastas cantidades de
arenas y gravas descansando más arriba de los actuales planos de inundación,
que ahora llenan lo que antiguamente eran los lechos originales.
«Las exploraciones
subsuperficiales en valles serpeantes en la Driftless Area de Wisconsin (área
llana de Wisconsin), efectuadas por medio de sismógrafos de refracción,
revelan grandes canales rellenados de forma similar a los previamente
determinados en ríos ingleses, en los que se utilizó la técnica del sondeo.
Los canales son asimétricos y llegan a su mayor profundidad en los meandros que
forma el valle. En su sección transversal a su probable nivel máximo son unas
25 veces mayores que los presentes cauces.»
Esta clase de
fenómenos es prácticamente universal. El valle del Mississippi, por ejemplo,
se compone de depósitos aluviales ¡que se extienden a profundidades de 200 m!
Todo esto indica que los ríos, en toda la extensión del mundo, y en tiempos
muy recientes (probablemente durante y después de los levantamientos
continentales que tuvieron lugar al finalizar el año del Gran Diluvio)
transportaron tremendas cantidades de agua y sedimentos.
7.
Meandros tallados. Otra característica universal de las
corrientes aluviales es el fenómeno de la formación de los meandros. Se han
efectuado muchos estudios analíticos y experimentales a fin de poder determinar
las causas y los mecanismos de la formación de los meandros, pero solamente se
ha conseguido un éxito parcial. Es cosa generalmente aceptada, de todas
maneras, que la formación de un curso fluvial en meandros requiere unos
gradientes de flujo suaves, y que los cauces eran fácilmente erosionables. Si
el declive del terreno es muy pronunciado y los lados son resistentes, la erosión
tendrá lugar principalmente en el lecho del cauce y la acción del corte será
esencialmente vertical, formando un cañón.
Por
tanto, son muy dignos de atención los tortuosos diseños que se hallan
frecuentemente esculpidos en profundas gargantas de mesetas elevadas y de áreas
montañosas. Parecen desafiar cualquier explicación en términos de las
actuales características hidráulicas de los ríos, y los geólogos parecen
olvidarse de los principios de la hidráulica cuando sugieren soluciones
actualistas (como, por ejemplo, ¡meandros
superpuestos!).
Estos
fenómenos nos indican un evidente origen catastrófico. Si aceptamos que
grandes regiones de formaciones sedimentarias horizontales, aún relativamente
blandas y erosionables cuando empezaron su elevación después del Diluvio,
fueron hendidas por grandes fisuras durante el proceso de elevación, tendremos
con esto un modelo realista de condiciones adecuadas para la formación de estas
estructuras. Las fisuras iniciales habrían sido rápidamente ensanchadas, hasta
dar lugar a nuestras actuales gargantas serpenteantes, conforme se drenaban rápidamente
grandes volúmenes de agua de los terrenos en elevación...
Todos
estos factores hubieran contribuido a la preservación de los fósiles en los
sedimentos Diluvianos exactamente en el orden en que se encuentran, mientras que
la interpretación evolucionista acostumbrada es evidentemente inadecuada.
Estos
tres factores —el hidráulico, el ecológico y el fisiológico—, actuarían
de una manera solamente estadística, no absoluta, por lo que las numerosas
observaciones de estratos que están invertidos de su orden usual no han de
sorprendernos. En cambio, son un tropiezo para el evolucionista, ya que los fósiles
que ocupan un orden estratigráfico fuera de lugar, indicarían una reversión
en la evolución, y, por tanto, arruinarían por completo el sistema de cronología
de las «eras» geológicas.
Pero
es algo ya establecido en el pensamiento evolucionista que no se puede permitir
que ningún hecho ponga en cuestión la presuposición básica de la evolución.
Consecuentemente, se emplea una mayor multiplicación de hipótesis aún,
invocando la posibilidad de grandes movimientos de tierra a fin de poder
explicar la manera en que los estratos fosilíferos puedan haber sido colocados
en el orden «inverso». Se ha ofrecido en numerosas ocasiones la explicación
de vastas fallas horizontales de empuje («thrust faults»), por las cuales
vastas cantidades de sedimentos estratificados puedan haber sido elevadas y
después trasladadas sobre las regiones adyacentes, a fin de poder —por medio
de mecanismos aparentemente plausibles— explicar las muchas áreas en las que
hay formaciones «antiguas» que reposan sobre formaciones «modernas».
Pero si bien es cierto que hay algún caso en que esta explicación (o la de
falla inversa) tiene aplicación debido a evidencias de fragmentación y
trituración del material en la línea de contacto, también es cierto que, en
los casos más significativos, no hay ninguna evidencia de esta acción de
abrasión mecánica debido a un sobrecorrimiento de estratos, sino que, según
todas las observaciones hechas, el estrato superior reposa con una concordancia
total sobre el inferior...




Quien
respeta al mundo en la propia persona, es digno de que se le confíe la
humanidad.
[Lao
Tse, Tao
Te
King]
