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La Tau gira ahora sobre su eje horizontal creando el símbolo: ‘Como-Es-Arriba-Es-Abajo’; y en cada giro, la nube desaparece deshilachada por el terrible batir de la Cruz; hasta que, en su lugar, una inmensa cadena de naves estelares van apareciendo una tras otra, recogiendo las “chispas” de luz que se hallaban en suspensión dentro de la nube. Cada nave, a semejanza de
un Arca de Noé cósmica, comienza a moverse rápidamente al terminar de recoger su asignada cuota de “chispas” humanas, iniciando el viaje intragaláctico que conducirá a sus ocupantes al destino que les corresponde con respecto al grado evolutivo que alcanzaron durante sus vidas experimentales en este planeta.
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

LA CRUZ DE HIELO

LA CRUZ DE HIELO

9.
LA CRUZ DE HIELO
Unas ruedas infinitas giran lentamente en la niebla
frente a Arânah,
el cual, sólo puede abarcar con su mirada una ínfima parte del conjunto total
de las inconmensurables ruedas dentadas. Éstas se extienden sobre el vacío
horizonte como un múltiple arco-iris, y engarzadas unas con otras,
hacen avanzar el tiempo como si de la maquinaria de un gigantesco reloj cósmico
se tratase.
Lentamente, con un ritmo
pausado, el inabarcable grupo de ruedas se va distanciando en el espacio, hasta
descubrir que ellas sólo son, una pequeña y atómica porción de otras ruedas
aún mayores, de dimensiones macrocósmicas, cuyo conjunto compone la infinita
escala del Reloj Sideral, que a su vez, descubre sus secretos al desvelar que
todo el recorrido de las primeras ruedas sólo es un golpe de aguja de las
segundas.
El Tiempo, cual lluvia
luminosa, cae desde las nubes eternas sobre el valle de la materia perecedera.
Pero en lugar de derramarse, formando cursos de vida en la Madre Tierra, como
hubiera sido su parejo destino, se congela en el mismo instante del contacto con
el suelo…
El Tiempo Blanco se convierte en inmensos bloques de
hielo y escarcha que cubren toda la superficie terrestre. Hasta que, al final de
un ciclo, se aprecia un rumor en el ambiente, algo parecido a una sorda vibración,
como si se hiciese escuchar a lo lejos la campanada de un grandioso y remoto
reloj, dejándose sentir poderosa sobre todo el inmenso valle. Al elevarse,
acompañando al rumor, Arânah observa las níveas nubes de finísima escarcha que
llegan a ocultar momentáneamente, el hasta entonces, claro valle.
La nieve y el hielo acumulados
durante eones, comienzan a resquebrajarse y desprenderse de los picos de las
altas cumbres, dejándolas libres de su ancestral carga. Grandes cantidades de
nieve descienden vertiginosamente por sus laderas para anegar el valle con su
atronador rugido.
Pero al llegar a la inmensa llanura, el hielo se abre
y resquebraja en múltiples fragmentos de forma irregular. Toda la superficie se
encuentra en movimiento ahora, exceptuando un punto central donde se forma una
figura perfectamente regular, una Tau
inmensa y perfecta se recorta en la superficie del hielo y comienza a elevarse,
levantándose sobre su pié esbelta y majestuosa, como si de una inmensa cruz se
tratase, la cual, continúa levantándose apoyada en el hielo secular. Al
llegar a su vertical la cruz intenta elevarse, pero algo la detiene en su pié y
la mantiene amarrada al suelo.
Una parte del pié de la Tau aparece mezclado aún con un mar negro y
pastoso que ha aparecido filtrándose desde abajo, al abrirse el hielo.
El mar de lodo negro intenta retener a la cruz
impidiendo su ascensión; pero al final, los últimos trazos de la Tau
son delineados en perfecta armonía y la cruz se separa definitivamente del
oscuro abrazo del mar de lodo, en el que ahora se ha convertido todo el valle. Y
al fin, la Tau,
se alza poderosa y resplandeciente en los cielos.
Al elevarse lentamente, la cruz se hace más y más
sutil a cada momento, hasta que finalmente, su sustancia etérea desaparece de
su interior siendo transferida a otras dimensiones. Al poco, son sólo las
aristas luminosas de la Tau
las que son visibles con una luz refulgente y deslumbradora, que aún tardaría un
momento en desaparecer también, al tiempo que una niebla espesa se esparce
veloz por el valle.
De la gris niebla surge, donde
desapareciera la Cruz, una hinchada copa de ancha boca y estilizado pié. Dos
vertiginosas serpientes ascienden y descienden como un relámpago por la
entallada peana mientras dibujan incansablemente el símbolo sempiterno del Caduceo de
Mercurio.
Después,
se puede apreciar que estas serpientes no son más que inmensas descargas eléctricas
que recorren toda la columna vertebral de la copa, que ahora es, claramente, un
hongo atómico en expansión.
‘La Copa de la Ira’ de las
antiguas profecías, es ya una realidad en las mentes humanas. El hongo crece y
crece sin parar, envolviéndolo todo en una nube lechosa y radioactiva, que
contamina sin remisión lo que encuentra a su paso. Al tiempo que la masa del
ominoso gas se expande cubriendo completamente el entorno por donde pululan un
montón de figuras oscuras que se agitan convulsivamente en el interior de la
Nube del Caos.
Esas figuras no son más que
las “formas-pensamiento” humanas que cobran vida propia dentro de la
horrible e infame Nube del Caos.
Los seres humanos y las
terribles formas mentales que de ellos se desprenden, deambulan por la
aterradora sombra gris, sin que exista diferenciación alguna entre éstos y sus
monstruosos pensamientos. El caos y la confusión son tales que la locura se
implanta definitivamente en todas las mentes.
La dantesca escena se repite incansable, hasta que en
un momento dado, la Cruz refulgente retorna de nuevo para traer la Luz al Mundo.
La Tau
gira ahora sobre su eje horizontal creando el símbolo:
‘Como-Es-Arriba-Es-Abajo’; y en cada giro, la nube desaparece deshilachada
por el terrible batir de la Cruz; hasta que, en su lugar, una inmensa cadena de
naves estelares van apareciendo una tras otra, recogiendo las “chispas” de
luz que se hallaban en suspensión dentro de la nube. Cada nave, a semejanza de
un Arca de Noé cósmica, comienza a moverse rápidamente al terminar de
recoger su asignada cuota de “chispas” humanas, iniciando el viaje intragaláctico
que conducirá a sus ocupantes al destino que les corresponde con respecto al
grado evolutivo que alcanzaron durante sus vidas experimentales en este planeta.
La Paz y el Amor del Padre
Eterno llenan toda la escena, nadie es condenado, nadie es culpable, sólo es
una vuelta más de reloj, en el infinito tiempo del cosmos vibrante…
¡Credo in unum Deum,
Patrem omnipotentem,
Creatorem Coeli et Terrae,
Visibilium omnium et
Invisibilium!
San
Atanasio.
MMMMMMMMM



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